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Etiquetas:   Un día menos   -   Sección:   Opinión

Identificación del trabajo

Juan Antonio Hurtado
Redacción
martes, 4 de octubre de 2005, 00:33 h (CET)
Tendríamos que rememorarnos hasta el Neolítico para encontrar el origen de las clases sociales; las consecuencias, sin embargo, las sufrimos ahora. Con las clases sociales creadas como fruto del buen trabajo hoy en día podemos ver cómo unos tienen más cantidad y mayor calidad en las oportunidades para elegir en qué ocupar el tiempo para intentar llegar a ser feliz.

Con las clases sociales, e incluso antes, el ser humano ya ejercía lo que denominaos ahora como trabajo. Los hombres cazaban mientras los niños y mujeres recolectaban. Por aquel entonces el comercio se basaba íntegramente en el trueque, hasta que a algún vago se le ocurrió la fantástica idea de crear la moneda y, por tanto, el dinero. La principal función del dinero y por lo que fue creado era para intercambiar productos tales como ganado, frutas o animales de una forma más fácil y sencilla. Era mas fácil transportar unas monedas que veinte vacas a una distancia de diez kilómetros. Así que alguien empezó a atribuir un valor relativo a esa moneda que intercambiaba. Nadie podría imaginar por aquel entonces que actualmente, después de tantos años, los seres humanos se desvivirían, matarían, violarían y decaerían en innumerables acciones para conseguir esa moneda con ese “valor relativo”.

Desde siempre se dijo que el trabajo dignifica, que el trabajo hace al hombre, que el trabajo te mantiene ocupado para así no hacer en otras tentaciones denominadas “malas”. Yo simplemente pienso que el trabajo es una trampa que nos vendieron para hacernos creer que tenemos que malgastar nuestras vidas en conseguir un trabajo que proporcione “dinero relativo” para poder así vivir mejor que el vecino. Nos dicen que debemos trabajar para el bien de todos, para el bien de la sociedad, para crearla y formarla mejor para poder así desarrollarse uno como persona y poder vivir en paz y armonía, creando una sociedad de bienestar gracias a las infraestructuras y los servicios públicos de los que disponemos. Nos hacen chantaje emocional, nos venden algo que quizás no queríamos y encima tenemos que pagarles.

Te venden e inculcan desde la infancia que debes hacer algo, estudiar una carrera para ser alguien en la vida, te dicen que debes buscar un trabajo que te guste y con el cual ganes mucho dinero, a ser posible incluyendo unas buenas vacaciones lo más lejos y exótico posible para que así al llegar de ellas puedas vacilarle al vecino. Te dicen que debes ser bueno, no consumir drogas, no beber, portarte bien y crear una familia, casarte y tener varios hijos, un buen coche, tres televisores con DVD y un 'home cinema', que además le dediques tu tiempo libre a tus hijos y familia (incluida la suegra), que los domingos hagas una barbacoa en el jardín y saques al perro todas las noches. En definitiva, nos inculcan desde que nacemos que tenemos una serie de obligaciones ya impuestas y que si no las realizas quiere decir que no eres nadie, que no vales nada, que no te va a querer nadie y que te van a joder durante toda tu vida. Por eso debes trabajar y hacer lo que todos hacen.

Es bonito pensar una alternativa más digna. El trabajo dignifica pero cuando no es retribuido, cuando surge del placer por realizarlo, de organizar y formar una sociedad donde el transporte publico sea gratuito, la sanidad sea igualitaria y de calidad para todos, donde no existan billetes con valores relativos y cada uno ejerza su mayor capacidad de formar una sociedad basada en la tolerancia y la ayuda mutua. qQue un pintor te pinte la casa sin que te requiera mil euros y así el mecánico al cual pintó la casa pueda pagarle con una moto que le haría falta al hijo del pintor ¿Por qué no es mejor así? Porque sólo nos enseñaron una forma de hacer las cosas y ahora si no nos unimos no podemos salir del fango. Si el trabajo dignifica, ser político no es un trabajo.

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