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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Confabulaciones babélicas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 2 de octubre de 2005, 22:41 h (CET)
Las vicisitudes de la vida humana nos abordan con todo tipo de facetas, la variedad es consustancial a las especies vivas, resultando complicado eso de conocer los rasgos generales o los puntos de unión. Las DESIGUALDADES adquieren rango prominente, unas puramente biológicas, otras provocadas; todo lo arbitrarias que queramos, pero están ahí de manera constante. ¡Son tantos los factores de desunión! La fuerza variará con la edad, sexo, o genética. Qué decir de los grados de inteligencia. En suma, las aptitudes de cada sujeto le confieren unas características concretas. Podemos añadir la vocación, las preferencias o los egoísmos. Con sólo este esbozo resumido queda patente la diversidad, si profundizamos, las diferencias se irán incrementando. ¿Se ve la igualdad por alguna parte? Hemos de contar con esa realidad incontrovertible.

Ante este muestrario de matizaciones y esa riqueza de detalles, ante tamaña desigualdad y sin ningún lugar a dudas, se van a desencadenar las más variadas RESPUESTAS. Unas vendrán caracterizadas por la rutina o la indolencia de los afectados, no originan demasiados plateamientos, ante la variedad de estímulos no les hacen demasiado caso. Otros, muy impulsivos, saltarán como auténticos chispazos, enérgicos y descontrolados. Al tratarse de personas, confiemos en respuestas más elaboradas o razonadas, alguna tendrá que haber con estas propiedades. Es decir, de nuevo estamos ante un factor de variabilidad muy difícil de delimitar. Reflejamos el hecho en sí de las diferencias, en ellas caben ejemplos de lo más errático. ¿Serán peores? ¿Acaso inmejorables? ¿Inexistentes? Formas de posicionarse ante múltiples avatares cotidianos, con mayor o menor nivel de concienciación. Si en la botica hay de todo, aquí hay para muchas boticas.

Al más puro estilo de John Rawls, el LIBERALISMO a ultranza será el gran hermano regulador. Su constructivismo social es el emblema, como una línea de flotación a partir de la cual podremos navegar, por debajo se anula todo el conjunto. Los llamados contratos sociales estructuran toda la sociedad. Son unos acuerdos entre entes que no sabemos bien lo que son, ni si realmente comprenden a los individuos. Los actores son entramados empresariales, reglas macroeconómicas, leyes, ideologías, etc. Todo se justifica con una palabra, son representativas, aunque no sepamos de quien.

Paradójicamente, aquello que comenzó con las mayúsculas del liberalismo, ya no dispone de tiempo, ni ganas, ni capacidad, para afrontar las opciones discordantes de pequeñas empresas o trabajadores dispersos. De tan grandes, ya no pueden entretenerse con lo minúsculo. Ahora son las grandiosas entidades, ideologías comprehensivas, quienes ocupan el lugar de los individuos; quieren, eso sí, disponer de gran número de individuos dentro de su seno, sólo para la fachada, no vayamos a engañarnos. Liberalismo sí, feroz, y hasta las últimas consecuencias.

Subrepticiamente, de forma solapada, el comienzo generado en la diversidad de los individuos y de sus capacidades, va olvidando a los sujetos humanos y se torna una maravillosa torre capaz de alcanzar el cielo, auténtica TORRE de BABEL. No importa que no haya llegado a su culminación, que no se vea el cielo, nos obligan a creer que ese es el camino indiscutible.

No hay más que ver como entre los ladrillos de esa torre los hay espléndidos, ejemplos de lo insuperable. Qué decir de los "consensos institucionales", cállense los individuos; objetividades económicas a las que sólo podremos idolatrar; masificaciones de conductas y pensamientos por idiotas que sean, o quizá por eso. Y así una lista enorme de grandiosas realidades. Tan es así, que aquel free leader de actuaciones por libre aprovechándose de los demás, queda en una mera picaresca graciosa. La superación ha venido por arriba, ya no van a ras de suelo, a ras de ciudadano corriente; manejan cifras y contubernios escandalosos. Si lo miramos así se alcanzan las alturas impensables.

En esta dictadura de los poderosos y de las mayorías dirigidas, se DILUYÓ el INDIVIDUO. Ya sólo nos queda confiar en la terminación de la torre babélica; a este paso no va a quedarnos otro camino para alcanzar la gloria. Los individuos, sobre todo como personas, van declarándose en desuso.

No es complicado, simplemente se trata de una dirección contraria al individuo. Aquello del agente personal, el sujeto activo, han pasado a ser quienes deben adaptarse a esas directrices de los gigantes. No seamos mal pensados, con la sumisión nos entregarán un boleto para poder viajar a ese cielo que nos venden.

Todo un disfraz, los entes no piensan, no viven; viven y bien los vividores encubiertos en sus siglas. La torre es solamente un símbolo para mantenernos encantados, distraidos. Tan ilusionados, ¿Para qué vamos a intentar otras maneras de vivir?

Si nos queda la menor duda, podemos otear el horizonte de grandes constructoras, emporios mediáticos, bancarios, ejes políticos del bien o del mal... Este panorama exige siempre un requerimiento añadido, la mayor pasividad posible de los comunes, sencillos viandantes. Despues de esa ojeada, no faltarán ejemplos de nuevas torres de babel.

Una vez más, esta tendencia tiene visos de ser permanente, amaestrados con ese señuelo escondido en la cima de la torre, trabajamos servilmente, al parecer convencidos, con pocas señales de rebelión.

Quizá ese deba ser el camino... hasta la caída sin dignidad.

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