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Etiquetas:   Política   Privatización   -   Sección:   Opinión

Nada que celebrar

La Constitución española abrió la veda de la privatización del patrimonio público y creó unos “mercados” que ahora controlan el Estado
Carlos Ortiz de Zárate
jueves, 7 de diciembre de 2017, 07:59 h (CET)
El INI franquista era la locomotora económica de un régimen mal visto.

La venta del mismo ha afectado a los Presupuestos con ingresos que lavaban “la cara”

Resumo: empezó Felipe González, sacó más cacho Aznar, Zapatero no se atrevió y Rajoy sigue vendiendo. El artículo detalla los ingresos. Lo que importa es que éstos han salvado presupuestos.

Así se han activado burbujas El excedente presupuestario impactó en el mercado, hasta el punto en que el entonces ministro de Economía, Solchaga, presumiera de que España era de los territorios donde más fácil era enriquecerse.

De aquellos polvos, han venido muchos lodos; los trapicheos de la privatización han desenfrenado la corrupción. Ahora ya casi queda qué vender y Rajoy está agotando la Caja de las Pensiones.

El “mercado” es la locomotora de la economía. Los partidos de gobierno “gobiernan” los recortes.
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La Constitución española no necesita ser interpretada respeto a la vigencia, en todo el territorio español, de la lengua que hablan más de 500 millones de personas: el castellano.

Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
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