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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ceuta y Melilla: Alegorías del fuego y de la lluvia

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
domingo, 2 de octubre de 2005, 22:41 h (CET)
Amanece en España, pero el gallo ya no sabe cantar, porque es viejo y está desorientado, porque está gordo de sebo y de inactividad, porque es blando como sedentarismo adobado con gelatina de colesterol. Amanece en la lontananza de las fronteras, donde, poco a poco, las nubes se levantan ¿Contra quién? ¿Quién ha alimentado los fuegos fronterizos, que huelen a carne de inmigración y a brasa que no se puede apagar? Más que nunca, sería necesaria una lluvia copiosamente serena. Pero llueve sangre. ¿Es la esperanza lo último que se pierde? No, lo último que se pierde es la vida. Cinco subsaharianos han perdido la vida por aferrarse a una esperanza que situaban en este lado de acá...

Las televisiones españolas han apostado definitivamente por la miseria, no hay más que ver determinados programas. Los inmigrantes también, por salir de ella. Son las formas extremas en las que el mundo aparece hoy en la tele: la cómica y la trágica. El hedonismo y la hartura contra el hambre y la necesidad.

Miserias del mundo. Los jóvenes subsaharianos tienen hambre de pan y, naturalmente, quieren comer. Marruecos quiere el Sahara de aperitivo, después quiere a Ceuta y a Melilla, de merienda. Todo el mundo está hambriento. Y sediento. Pero no llueve, para colmo de nuestros vasos de ilusión, vacíos y desesperados. A falta de agua, España se llena de muertos, tal vez porque España está muerta, tal vez porque Europa está muerta. España y Europa son tan sólo una Agencia Tributaria, una lluvia incesante de fiscalización. Y Cataluña también, si no lo remedia José Bono, el cura socialista, con su encomienda a la Virgen de las Cortes, que es lo más indicado para digerir ciertos tragos de amarga inconstitucionalidad. Nación de naciones. Chiringuito de chiringuitos. Eureka. Por fin vamos a salir del atolladero. ¿Y cómo es que hay atolladero si carecemos de lluvia, de agua, de desaladoras, de Plan Hidrológico Nacional? ¿Llegaremos a carecer un día de sudor, de lágrimas, de saliva?

No sé, pero el hecho es que en España no llueve. O sí llueve. Llueve en Cataluña con el chaparrón de un Estatuto de compadreo. Llueve en el País Vasco con la kale borroca renovada y la “Ibarretxeoak independentzia”. Llueve en Ceuta, llueve en Melilla, llueve en Ceuta y Melilla. Aguaceros de negros. Chaparrones de inmigrantes contra las alambradas. Disparos contra los chaparrones de inmigrantes contra las alambradas ¿No saben que van a ponerse ellos mismos contra las cuerdas, que son chuzos de punta que utiliza Marruecos contra esta España seca que paradójicamente se inhibe y se agazapa para no enfadar a un Rey que delira por algunos de nuestros resecos territorios? Sí, lo saben, pero...¿qué otra cosa pueden hacer? Muros de vergüenza. Pinchos de alambrada, que no es solamente “un trozo de metal”, como decía Nino Bravo, sino una clara evidencia del enorme desaguisado de los mortales. Muro de Berlín, caído; muro de Israel, presente. Alambrada de España, pincho necesariamente moruno ¡A mí la Legión!

Brota una sangre roja de los cuerpos de los jóvenes negros. Pero no es la marcha negra, sino la marcha fúnebre. No la Mancha de don Quijote, sino la mancha roja que brota en las puntas de los alambres y en los límites de la desesperación. Sangre de frontera. Ésa es la lluvia organizada que nadie supo parar, tal vez que nadie quiso parar. La lluvia en Sevilla es una maravilla. En Melilla, no. En Melilla es la sangre del fatalismo y de la necesidad. O sea, la honda lluvia de la vida.

Es cierto que no llueve en España, pero tenemos esta sangre de frontera para apagar los incendios inmediatos. Tenemos también las escaleras y los bomberos políticos que mitigan mucho el dolor de los desesperados con el dulce pájaro de la buena vecindad. ¿De dónde salieron los proyectiles? ¿Quién arma los fuegos que se extienden por las alambradas? ¿Cuánto tendría que llover para que el agua se llevara las mentiras y las miserias dejaran en evidencia a los miramamolines? Claro que esta sangre no la pone ni España ni Marruecos. La ponen los terceros en discordia, los terceros en perpetua discordia, los sometidos por fuerza al principio de terceros excluidos. Excluidos no ya de la riqueza y del progreso, sino de la ración de dignidad que todo ser humano debe tener asignada en la vida.

Abandonados en la práctica por unos y por otros, hambrientos y sedientos, hechos trizas y polvo, anclados en una vía muerta y en una desesperanza sin término, cientos de subsaharianos se han lanzado a una loca carrera de vallas y de obstáculos, en la que sólo pueden aspirar a las medallas de plomo. Plomo en el alma. Plomo en las entrañas de unos jóvenes cuyo pecado es buscar un trozo de pan para llevarse a la boca. El oro será para Marruecos. A España le darán un pergamino de buen colaborador, tal vez de tonto necesario, en el que estará escrita con risas la mágica leyenda del beso: el que Moratinos le ha dado a Mohamed y el que Zapatero ha dejado en la ONU para la patrimonialización de la Alianza de Civilizaciones.

Esto sólo se arregla con voluntad, por descontado, pero la voluntad necesita el apoyo inexcusable del dinero ¿Dónde está el dinero? Las fronteras tienen siempre una inspiración política. ¿Y qué en esencia la política, sino la facultad de manejar el dinero?

Claro que hoy en día puede ser justamente al revés...

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