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Envenenadores

Anado Uni
Redacción
sábado, 1 de octubre de 2005, 00:17 h (CET)
Ismael Serrano tiene una canción en su último álbum en que retrata la actualidad. No es nuevo en este cantante comprometido con lo que ocurre. Habla de Irak, de guerras preventivas y cita a un loco, borracho que no escucha a nadie, sospecho que se refiera George W. Bush, pero no es seguro, pues es cierto que Bush tuvo problemas con la bebida en el pasado pero no los debe tener hoy. Respecto a lo de loco, yo lo dejaría en tonto nada más. Y en lo de que no escucha a nadie no podría estar más en desacuerdo, probablemente es manejado desde la sombra por individuos menos expuestos a los vaivenes de la consideración votante. En este caso el envenador sería el que susurra los siguientes pasos, los radicales de la derecha que encuentran a faltar estrellas y rayas a la bandera. Los medios, televisiones y prensa que dan la versión oficial de una historia que tiene otras lecturas.

A la envenenadora de Melilla la condenaron por fin a 84 años de presidio. Mató hace 14 años a su hija Florinda, de 5 meses suministrándole un veneno que no le trajo más consecuencias que las deseadas. Quitar de en medio a quien no se quiere. Tan felizmente resuelto para ella, era cuestión de tiempo que volviera sobre esos antiguos usos. Decidió envenenar mes a mes a su marido mientras se nominaba Fogosa en el chat. Viuda desconsolada con tanto que ofrecer a poco que enviude.

El marido murió entre padecimientos y drogado para que no pudiera pedir socorro. Tumbado a todas horas hasta el fin.

Algún tiempo después inició idéntico tratamiento con su hija de 15 años y con el niño de 12. Escollos hacia la libertad. "Querían ir con su padre", dice. A ella la mató del mismo modo, los analistas encontraron en la botella de agua de su mesita de noche el mismo veneno que le venía suministrando. En la botella de agua que la despidió al hospital para no regresar, que sus últimos tragos fueran igualmente amargos y efectivos.

El crío se salvó por los pelos. No hubiera durado mucho más. Lo salvó que muriera antes su hermana.

Francamente, ojalá este veneno de mujer se pudra en la cárcel. Guantánamo sería un buen alojamiento. No habita conciencia. Día tras día envenenando a sus vástagos, suministrando drogas y tranquilizantes, hora tras hora viendo ese deterioro progresivo. Preparando un preparado más.

Cobardes desde donde nadie los observa, destruyen.

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