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Melilla, ¿puerta de Europa?

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 1 de octubre de 2005, 00:17 h (CET)
Ciertamente, el ciudadano medio europeo no sabe a qué carta quedarse; si admitir la emigración como un fenómeno natural -en sociedades necesitadas de mano de obra para trabajos que no interesan a sus ciudadanos-, o, bien, se deben tener cerradas a cal y canto las fronteras de la Unión. Sucede que sus limites han crecido desmesuradamente desde que comprenden veinticinco antiguos países europeos. Entonces, si la emigración es bienvenida, ¿qué se esconde detrás del escándalo que se organiza noche tras noche, en la valla que rodea Melilla?... ¿no sería mejor poner un dispositivo, que, como en las charcuterías, se toma número, y se espera a que se encienda una pantalla que lo reclama?

Los subsaharianos de raza negra presionan para saltar la valla con riesgo de su vida, y porque tras ella está la puerta de Europa, que los necesita. Guardia civiles y soldados españoles se ocupan en que la valla no sea atravesada. Marruecos no parece crear problemas a quienes lo atraviesan para que con rústicas escaleras de mano salten hacia Europa. Hay que tener presente que, a su vez, es un importante país proveedor de la Unión y aspirante a ser parte de ella. En consecuencia, si desde Bruselas no se le presiona para que dificulte ese tránsito de pieles de ébano, es porque no se quiere. Nada les preocuparía tanto como que se entorpezca su comercio con cuatrocientos cincuenta millones de europeos.

Los negros, sin eufemismos, o sea, personas humanas con piel oscura y rasgos fisonómicos peculiares, recorren el continente africano en sentido ascendente porque, o, como se ha dicho, Europa les espera con un puesto de trabajo ínfimo, o lo de la Globalización es una verdad como un templo y tan sólo desean cambiarse de barrio para prosperar, algo tan legítimo que cualquiera lo haría. De este modo. la inconsecuencia del patético espectáculo ofrecido en la valla de Melilla resulta esperpéntica. La conclusión palmaria es que si les necesitan, repartan números, ¡por favor!... Si no se quiere que pasen, ha de acudirse en ayuda de sus lugares de origen, y echarles la mano necesaria (0,7%) para que esa prosperidad que tan desesperada y legítimamente buscan, la encuentren a un tiro de piedra de las cabañas, sin luz eléctrica ni agua corriente y con mosquitos del paludismo, que habitan.

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