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Etiquetas:   A sangre fría   -   Sección:   Opinión

Los caladeros marroquíes o el reto de la inmigración: la disyuntiva de Moratinos

Jesús Nieto

sábado, 1 de octubre de 2005, 00:17 h (CET)
Al viajero que pisa Ceuta por primera vez, le recorre una sensación de exotismo y claustrofobia a partes iguales; una impresión que se va agudizando a medida que el paseante recorre sus históricas calles en las que se respira una paz y una calma en tensión, un silencio preocupante jalonado del misterio que esconde un punto de encuentro entre muchas culturas, la mayoría, azotadas por el espectro de la pobreza.

Sin embargo, lo que el viajero recuerda de Ceuta, lejos de sus murallas excelsas que atraviesan el istmo de norte a sur, son las escenas míseras que recorren las zonas alejadas de la Gran Vía y del centro urbano, los parajes más cercanos al territorio marroquí, allá donde los teléfonos dejan de responder al castellano, y obedecen a las paupérrimas telefónicas árabes. En esos pagos en los que fascina la magia inmanente a las zonas fronterizas, es donde se percibe la más radical barrera entre dos mundos, la división entre un sur subdesarrollado, y un norte, el español, que en veinticinco años, a paso forzados, ha ido consiguiendo una ficticia estabilidad económica.

La inexplicable calma que vivían las dos ciudades autónomas, se ha visto interrumpida por la dramática opción del hambre del salto de las verjas que delimitan la esperanza y la miseria: la barrera entre alhauitas y borbones, que unidos por un pasado común, afrontan de diversas maneras el dramatismo de la inmigración.

Soluciones a este drama se antojan escasas, aunque de cualquier modo, se deben respetar los derechos de todos los hombres y mujeres que arriesgan sus pobres vidas en pos de un sueño europeo, en lugar de utilizar la política mafiosa de Bush de gestión de las zonas fronterizas del sur mediante unas fuerzas armadas dispuestas a tirar a matar.

Quizá, la solución sea que España denuncie frente a la comunidad internacional el juego político que la gendarmería marroquí ejerce con los inmigrantes, aunque sospecho que tal acto de valentía filantrópica, perjudicaría los acuerdos pesqueros en Andalucía y Canarias.

Cosas veredes, amigo Sancho.
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