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Regüeldos nacionalistas españoles

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 29 de septiembre de 2005, 23:22 h (CET)
Cuando me siento ante la pantalla del ordenador para escribir la columna que hoy jueves leerán ustedes es un miércoles a primera hora de la mañana y cuando todavía no se sabe nada de la reunión de Pascual Maragall con sus colegas y cabezas de lista en el Parlament de Catalunya esperemos del buen sentido de todos y que lleguen a un acuerdo. Las gentes que me conocen y que, a veces, leen estos escritos horas antes de que vean la luz llevan días, tal vez semanas, aconsejándome no escribir sobre el tema del Estatut Catalán. Pero yo, como siempre, no suelo hacer caso a consejos ajenos, por muy amigos que sean, y más si se trata de temas de tanta importancia como éste en los que la derecha, como siempre que encuentra un vivero de votos, ha comenzado a meter la cuchara sin recato ni vergüenza.

Tal vez si yo fuera una buen valenciano, de aquellos que se pasan la vida cantando ese himno nuestro que dice “para ofrendar nuevas glorias a España”, hoy no escribiría del Estatut catalán. Ya se apañarán nuestros primos del norte con sus peleas cuando lleguen a la carrera de San Jerónimo. Nosotros, los valencianos, buenos chicos que somos no hemos tenido ningún problema con nuestra modificación estatutaria. Ya lo dice nuestro himno, ante todo España, y claro delante de esta declaración de principios nadie puede acusar a la reforma de nuestro Estatuto de malévola, traidora o vende-patrias. Pero nuestros primos hermanos de más allá del río Cenia son diferentes. Tienen un himno, patriótico y no como la zarzuela que los valencianos entonamos como himno, donde dicen que “con la sangre de los castellanos se harán tinta roja” y quieren un verdadero Estatut, no como el nuestro. Bueno hoy ya no cantan esto por no ser políticamente correcto y disfrazan la letra con mucho chin-chin-pum. Pero la verdad es que cualquier cosa que afecte a la familia nos afecta a todos. Y por encima de todo a aquellos que desde la periferia observamos, con preocupación, cómo el ojo fascista de un centralismo disfrazado nos quiere engullir cual ogro o madrastra malévolo.

Al parecer tan sólo el nacionalismo españolista es admitido en la buena sociedad. Mientras algunos de los demás nacionalistas queremos seguir siendo parte de esa España, a poder ser federal, a la que también hemos contribuido a levantar, el centralismo de ordeno y mando elevado a pensamiento único por el general Franco y seguido al pie de la letra por el Partido Popular y sus corifeos anclados todavía en aquello de “España. Una, grande y libre”, que siguen intentado ser la única voz oficial del régimen monárquico que ahora nos manda y ordena. Algunos, después de años y años de dominio absoluto sobre tierras y gentes no están dispuestos a dejar su hegemonía y pelean desde cualquier rincón por seguir manteniendo sus provechos fascistas y familiares.

Hoy mismo vemos cómo desde la caverna mediática se lucha contra el derecho de los pueblos de España a darse un Estatuto con el que decir qué y quién son. Los catalanes, los valencianos, vascos y gallego y algunos más, queremos dejar claro qué es lo que queremos ser y junto con quien queremos estar. Contra esto están los regüeldos mediáticos de algunos que deben dormir tranquilos su sueño españolista mientras llaman cerdos a todos los demás amparados en el anonimato de la red o las ondas. Esa reacción tan sólo es una muestra de la baja calaña de algunos escribidores que no aceptan aquello que no está en su línea política y que me recuerdan al fundador de la legión cuando al oír la palabra inteligencia desenfundaba, cual viejo vaquero del oeste, su pistola. Discrepemos pero respetémonos y dejemos que el resto de nacionalidades o regiones del Reino de España puedan elegir, libremente, con quién estar. Ya se que Aznar, desde que rumia su rabia por las esquinas del perdedor viene dando ordenes a sus fieles lebreles para que esto no sea así, pero quieran o no, los españoles nos dimos una nueva forma de gobierno, más libre, el 14-M aunque algunos sigan empecinados en que perdieron las elecciones por culpa de un atentado. Siéntense, piensen, si es que saben, cosa que dudo, y verán que perdieron ese poder que creen les viene dado de Dios y sus abuelos por su mala cabeza y por su mala gestión. En este país, llamado España, ese Dúo Dinámico formado por un legionario de Cristo, Acebes, y un vividor llamado Zaplana seguirá allanándole el camino hacia la derrota final a ese gallego que todavía no sabe si sube o baja que se llama Mariano Rajoy. Desde mis posiciones de izquierda añoro una derecha inteligente pero, por desgracia, la que aquí nos toca padecer sigue anclada en el enfrentamiento, la mentira y la defensa de los privilegios de unos pocos. Los de siempre.

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