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Rusia busca socios para vender los servicios de lanzamientos espaciales

Yuri Zaitsev
Redacción
jueves, 29 de septiembre de 2005, 23:22 h (CET)
El consorcio internacional Sea Launch ha realizado desde marzo de 1999 catorce lanzamientos del cohete vector Zenit-3SL desde la plataforma móvil marina Odyssey, de los cuales diez han sido totalmente exitosos y uno ha tenido éxito parcial.

La historia de este proyecto es bastante aleccionadora. El Sea Launch nació en un momento cuando la industria espacial rusa estaba sumida en una agobiante crisis financiera y los capitanes del sector hacían esfuerzos realmente titánicos por salvar a sus respectivas empresas contra la quiebra. Ha sido en gran medida gracias al entusiasmo del ruso Yuri Semenov, diseñador jefe de la productora de cohetes espaciales Energia, como surgió el proyecto. Puesto que la corporación Energia y las empresas asociadas no tenían recursos en aquel momento, la mitad del capital accionarial en la nueva entidad pasó a las manos de Boeing, otro 25%, a una entidad noruega que había aportado al proyecto una vieja plataforma petrolera, y el resto quedó repartido entre las compañías rusas y ucranianas. Como resultado, la verdadera protagonista del Sea Launch - productora de las lanzaderas Zenit - es ahora la última en la cola para cobrar los dividendos. Claro que los socios occidentales financiaron la transformación de la plataforma móvil pero ha sido un gasto puntual mientras que los beneficios generados por el programa de lanzamientos podrían perdurar a lo largo de muchos años y hasta décadas...

El Sea Launch ha contribuido, sin lugar a dudas, a la supervivencia de varias empresas rusas aunque al mismo tiempo se ha erigido en un obstáculo para el programa nacional de lanzamientos espaciales, haciéndole competencia al cohete vector Proton y quitando los pedidos a los cosmódromos de Baikonur y Plesetsk. Si un lanzamiento realizado con la ayuda del Proton costaba en el pasado US$70 millones como promedio, hoy en día se cobra por este servicio un precio ligeramente superior al coste.

Dicen que el mal ejemplo es contagioso. La empresa rusa ZAO Puskovye Uslugi, especializada en la promoción de los servicios de lanzamiento, está negociando con la agencia espacial italiana ISA la posibilidad de lanzar el cohete vector Start-1 - una modalidad reconvertida del misil militar ruso - desde la plataforma móvil San Marco, perteneciente a Italia y situada en la zona ecuatorial cerca de la costa de Kenia, a dos grados latitud. La compañía rusa está dispuesta incluso a modernizar la plataforma y adaptar el cohete para que pueda ser lanzado desde aquélla.

La lanzadera Start-1 es un vector cuyas tres etapas inferiores proceden del Topol, misil balístico intercontinental que se está poniendo fuera de servicio en el Ejército ruso. Los demás elementos, tales como la unidad de aceleración, la etapa de corrección y la cabeza del cohete, se han desarrollado especialmente para este modelo. Como rampa de lanzamiento se utiliza una modalidad modificada de la plataforma móvil del Topol, que no presenta dificultades algunas a la hora del transporte, despliegue o preparativos para lanzar el cohete. Aproximadamente noventa segundos antes de la hora prevista, el contenedor que lleva dentro el cohete se coloca en una posición vertical, tras lo cual se efectúa el lanzamiento. Cuando el vector alcanza una altura de treinta metros, se activan las turbinas de la primera etapa.

Las dimensiones relativamente compactas de esta lanzadera, la facilidad de explotación, la movilidad y la capacidad de permanecer durante un período de tiempo prácticamente ilimitado en las condiciones listas para el lanzamiento son ventajas incuestionables del modelo Start. El transporte de la carga útil hacia la órbita con la ayuda de este cohete cuesta alrededor de US$8-8,5 millones, y de los seis lanzamientos efectuados hasta la fecha, cuatro han sido comerciales, con satélites extranjeros a bordo. La empresa promotora creó a tales efectos, casi desde cero, una infraestructura terrestre que responde a los estándares mundiales de lanzamientos espaciales. Todos los lanzamientos se han realizado desde cosmódromos rusos: dos, desde Plesetsk, y cuatro, desde Svobodny, el cual tiene una posición geográfica más ventajosa porque se encuentra más cerca de la línea de ecuador.

En la actualidad, Puskovye Uslugi se está preparando para lanzar con la ayuda de Start un aparato espacial israelí, EROS-B. Va a ser el segundo satélite que Israel coloque en la órbita gracias al cohete ruso. Debido a la elevada precisión del anterior lanzamiento, el aparato permaneció operativo durante cinco años, en lugar de los cuatro que estaban previstos.

Una vez realizado el lanzamiento de EROS-B, Israel podría firmar con la empresa rusa un nuevo contrato para tres o cuatro misiones más. También parecen alentadoras las perspectivas de futuros acuerdos con otros países. La pregunta lógica en este contexto es por qué no se apuesta por el ulterior desarrollo del servicio de lanzamientos desde tierra con la ayuda del Start, en lugar de gastar los recursos en la preparación de nuevas misiones en el marco del Sea Launch. Las expectativas acerca de decenas o hasta centenares de lanzamientos anuales en el marco de este programa difícilmente podrán justificarse: todos los cálculos económicos realizados hasta el momento demuestran que la rentabilidad de los proyectos hipotéticos es varias veces inferior a la de los reales.

Con anterioridad a la variante de San Marco, se ha analizado también el eventual lanzamiento de los cohetes Start desde el cosmódromo australiano Woomera. Ambas opciones presentan una ventaja única que es la posición geográfica, gracias a la cual resulta posible aprovechar la rotación de la Tierra para maximizar la carga útil transportada por el vector. Y nada más. Pero una parte de las ganancias por tal lanzamiento -y es una suma nada desdeñable, por lo visto- las retendrían las empresas del país anfitrión, aparte de lo que cuesta transportar la lanzadera a una distancia de varios miles de kilómetros. ¿No será que la parte rusa, otra vez, protagonista del nuevo espectáculo espacial, vuelva a quedarse al final de la cola para cobrar dividendos, tal y como ha pasado en el caso del Sea Launch?

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Yuri Zaitsev es experto del Instituto de investigaciones espaciales adjunto a la Academia de Ciencias de Rusia, para RIA "Novosti".

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