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Estatutos y consumo de energía en China

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 28 de septiembre de 2005, 23:37 h (CET)
Esta aparente falta de sentido en la equiparación de dos cuestiones tan distantes, es un despropósito intencionado. El grado de saturación informativa a que se tiene sometida la población española con los dichosos “estatutos”, es obsesivo y resulta obsesionante. Tanto como para que la mayoría, que vota, sienta verdaderas ganas de dejar de oír hablar de ellos. Todos saben que si el gobierno-por-accidente que se sobrelleva no estuviera en minoría, y sobreviva en Moncloa “templando gaitas” de las minorías nacionalistas, estas, andarían por sus predios con el proyecto de estatuto entre los papeles en cartera; no aireándolos como si contuviesen la salvación del ciudadano que madruga, utiliza el servicio público de transportes, y “curra” al menos ocho horas al día en un lugar de trabajo, más mal que bien remunerado.

Ya se ha comprobado, días atrás, desde esta columna flagelada por el viento serrano, que “todos los ombligos son redondos” (Alvaro De Laiglesia, 1956), y por muchas vueltas que quieran darles, no cambian su pequeña y sencilla condición. ¿Puede un país de la Unión Europea, con más de cuarenta millones de habitantes, considerar trascendente esta peculiaridad anatómica de todos los mamíferos? Resulta evidente que no. Entonces, es que algo ocurre, y tan evidente, que sólo una peculiaridad de parte de sus paisanos tiende a que parezca natural. Son esos que después de escuchar toda clase de raciocinios en contra de su manera de pensar, responden como conclusión subjetiva: No sigas... ¡¡que no me has de convencer!!

Ocurre, que, con este o el otro estatuto, los chinos están ahí, y la consecuencia expansiva de su callada laboriosidad, se percibe en casi todos los sectores de la economía. Van a comprar la SEAT, inundan de juguetes y toda clase de vestuario las tiendas más concurridas; el “made in China”, se vea o no, está constantemente entre las manos de cualquier europeo que “necesite” algo. Naturalmente, toda esta producción no crece naturalmente entre las ramas de los sicomoros, ni sobre las hojas de té. Se lo “curran”, durante muchas horas de cada día, consumiendo enormes cantidades de energía. En los últimos diez años han doblado los millones de toneladas de petróleo, yendo a la zaga de Estados Unidos y Europa, y gastan el dos veces más de gas natural del que producen, entre otros indicadores objetivos. Las perspectivas del consumo energético por la industrialización china son ascendentes, y pudiera llegar un tiempo en, que, para llevarse un bidón de gasolina, habrá que esperar a que los chinos hayan llenado sus depósitos. Esto si que resulta preocupante comparado con la autodeterminación o el financiamiento de las televisiones regionales. Pudiera ser que saturados de estatutos, hayan de cerrarse las gasolineras, en donde, eso sí, en el mercadito adyacente que se ha impuesto, se podrán comprar toda clase de objetos fabricados en China.

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