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Etiquetas:   El espectador  

Los cerdos de Cataluña

Jorge Hernández

martes, 27 de septiembre de 2005, 23:39 h (CET)
No puede haber algún otro país donde la inmoralidad política alcance las cotas catalanas. Pero el hecho diferencial catalán es la exhibición. La impunidad de la clase política catalana es tan absoluta que se muestra tal como es, convencida, y con razón, de que no tiene nada que ocultar. La política en Cataluña es una cerdada toda.

Es tan alto su nivel de obscenidad que se comprenden las precauciones de los periodistas de Barcelona, ni mucho menos los de la progresía de Madrid.

Tratar con la clase política catalana es como hacerlo con el virus del Ébola. De ahí los eufemismos, los pronombres que sobran y los que faltan, los sobrentendidos. Es en estos arrabales cuando el periodismo se convierte en un oficio realmente peligroso. Lo que habría que escribir en realidad es que socialistas y convergentes mandan al cuerno el Estatuto y que se blindan mutuamente contra su aprobación o aparcamiento. Ése es el único blindaje competencial. Por supuesto no se trata de ninguna novedad. Incluso puede haber algún otro país donde la inmoralidad política alcance las cotas catalanas. Pero el hecho diferencial catalán es la exhibición. La impunidad de la clase política catalana (vertebrada ideológicamente alrededor de dos infinitivos: crecer y reproducirse) es tan absoluta que se muestra tal como es, convencida, y con razón, de que no tiene nada que ocultar. Cataluña es un desparpajo. De lo macro a lo micro.Catalunya, sol y moscas, ya sabe. Sólo que ahora mosquean alcoholizadas sobre la pernera. Un país de leyenda úrica.

Quizás por eso aplaudo la decisión consciente de varios diarios de Madrid de ignorar las declaraciones del consejero de Comercio del gobierno catalán.

Son las delirantes declaraciones de un analfabeto, de un hombre técnicamente inválido para la gestión pública, de alguien, en fin, sin autoridad intelectual ni política, al nivel del primero que pasara por la plantación de alcachofas. Huguet ha dicho algo sobre el Estatuto, los nyerros, els cadells, els Segadors, la revuelta social, España, Cataluña, y, finalmente ha dicho guerra civil entre comillas. Yo aplaudo, y me rompo, que los periódicos no pongan nunca la guerra entre comillas. Es un ilustre representante de los cerdos que habitan en Cataluña.

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