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Etiquetas:   Crítica musical   -   Sección:   Música

El último de Bob Dylan

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
martes, 24 de enero de 2006, 02:16 h (CET)
La frase que dice que “los viejos roqueros nunca mueren” está vigente hoy más que nunca. En unas semanas las estanterías de las tiendas de discos han recibido la visita de gentes que rondan o sobrepasan los sesenta años. Se me amontonan los discos y casi me falta tiempo para escucharlos con la tranquilidad y atención que requieren. Sabina, los Stones y ahora Bob Dylan han llegado a casa para hacerme compañía en esas horas en las que apetece la soledad y un buen trago de un buen y aromático bourbon.

Hace ya muchos años que escuche por primera vez esa voz tan especial de Bob Dylan acompañada tan sólo por las cuerdas de su guitarra acústica y los lamentos que lanzaba al aire la armónica que, eternamente colgada de su cuello, acompañaba unas canciones que hablaban de respuestas en el viento, cantos rodados o chicas de países del norte. Creo que la primera canción que escuche del cantante norteamericano fue “Blowin’in the wind”. De eso hace ya muchos años y todavía hoy las notas y las palabras de este viejo tema siguen haciendo pensar a las generaciones que han seguido a la mía. Aquellas primeras canciones de Dylan, con sabor al viejo Greewich Village neoyorquino siempre estarán en nuestra memoria colectiva.

Si Bob Dylan fuera un trabajador normal en cualquier tajo u oficina el próximo año le llegaría la jubilación al cumplir los sesenta y cinco años. Robert Allen Zimmerman, que ese es su verdadero nombre, nació un 24 de Mayo de 1941 en Minessota, pero a la hora de tomar un nombre artístico pasó a denominarse Bob Dylan, según dicen en homenaje al poeta Dylan Thomas. Comenzó cantando en un local de strip tease en Central City (Colorado) marchando a finales del 1960 a Nueva York donde se hace amigo de la bohemia artística que entonces habitaba el Village. Conoce a Woody Guthrie, prototipo junto con Pete Seeger del cantante contestatario al régimen yanqui, y hace suyos algunos de sus temas y, sobre todo, esa canción comprometida con la realidad que estaba viviendo su país donde todavía la segregación racial era un hecho cotidiano.

Su primer disco sale al mercado en 1962. Es un disco sencillo, titulado simplemente con el nombre del cantante y con un acompañamiento simple de guitarra acústica y armónica que todavía hacían más inconfundible su voz tan especial. Más tarde, en 1964, grabaría “The times they are changin”, otro de sus grandes temas, aunque los tiempos no cambiaron tanto como allí se nos prometía. A estos dos primeros discos siguieron infinidad de grabaciones, actuaciones en los festivales más importantes y multitudinarios y cambios en su manera de pensar y escribir las canciones que le llevaron al cristianismo y a cantar incluso delante del fallecido Papa Juan Pablo II. Sus letras variaron y la electrónica entró en sus discos. Pero seguía siendo Bob Dylan aunque sus canciones ya no nos llegaran al corazón como lo hicieron sus primeros temas.

Ahora los amantes de aquellos primeros temas de Bob Dylan tenemos la ocasión de escuchar grabaciones inéditas de aquellos viejos tiempos. The Bootleg Series es una colección de grabaciones jamás editadas con canciones dylanianas que en 1991 comenzaron a editarse y ya va por el volumen número siete. Ahora, con motivo del estreno del documental que sobre los primeros pasos en la canción de Bob Dylan ha preparado Martín Scorsese se ha editado el doble disco “No Direction Home”. Esta doble grabación contiene la banda sonora del documental, son grabaciones caseras, descartes y algún que otro directo como los temas “The land is your land” canción escrita por Woody Guthrie y registrada durante un concierto de Dylan en el Carnegie Hall de Nueva York, o “Mr, Tambourine man” grabada durante la actuación de Bob en el festival de folk de Newport. En el primero de los discos los amantes de ese Dylan íntimo de guitarra y armónica podemos volver a disfrutar con aquellos viejos temas mientras en el segundo la música electrónica desplaza a estos viejos instrumentos sin que ello suponga un menoscabo para las canciones allí grabadas. Simplemente es un Dylan diferente, un Dylan menos allegado, menos intimista. Todos los palos musicales están recogidos en este “No Direction Home”, desde el rok al folk pasando por el country o el blues. Un disco para la nostalgia.

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