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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

Matrimonio homosexual

Jordi Martínez Aznar

martes, 27 de septiembre de 2005, 02:54 h (CET)
Estos últimos días, gracias a varios miembros del Partido Popular, el matrimonio entre personas del mismo sexo ha vuelto a la primera línea informativa. Ahora nos vienen con que la Constitución del año 1978 habla del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, de manera que las leyes que ha dictado el PSOE para que gays y lesbianas puedan casarse serían inconstitucionales.

No criticaré si la Constitución está bien o mal redactada, puesto que, sinceramente, desconozco la mayor parte de su contenido. Lo que sí criticaré será el hecho de que la forma de pensar de algunas personas se haya quedado estancada en la forma de pensar de hace varias décadas.

Y es aquí donde radica el principal problema: que alguien redacta bien sea una ley, bien sea, como en este caso, una Constitución, y piensa que todos y cada uno de los artículos tendrá la misma vigencia por los siglos de los siglos.

Desde hace ya varios meses, los catalanes estamos siendo testigos directos de un debate casi diario sobre el nuevo Estatut, cuyo original data del año 1979. Para aquellos que no hayan seguido el tema, lo que se pretende hacer a este Estatuto es, por decirlo de una manera, “un lavado de cara”, adecuándolo a los tiempos actuales, muy diferentes a los tiempos que corrían a finales de los años 70 y primeros 80.

No pretendo decir que comiencen a cambiar artículos con total alegría, sino adecuar algunos de ellos a los tiempos que corren, en los que es habitual encontrarnos con cosas o hablar de temas sobre los cuales era imposible encontrar referencias hace treinta años.

Hace treinta años, por ejemplo, no existía Internet, por lo que no se legislaba ni se hablaba sobre este tema. Tampoco existía hace treinta años la piratería musical, al menos tal y como la conocemos hoy en día, por lo que tampoco se hablaba del tema. Y así podríamos estar un buen rato poniendo temas sobre la mesa sobre los que, por diversos motivos, y como ya he comentado anteriormente, no se hablaba y, en cambio, actualmente está a la orden del día.

Uno de estos, como ya he citado al principio de este artículo, es el matrimonio entre homosexuales. Obviamente, hace treinta años, al igual que en los siglos anteriores, habían homosexuales, pero el hecho de que no exigieran el matrimonio, o por lo menos no lo exigieran de la manera que lo exigen hoy en día, de manera pública y sin miedo a salir a la luz, hace que el debate esté en boca de todo el mundo, sea homosexual o no.

En estas tres décadas, la mentalidad de la mayoría de la gente ha cambiado, y afortunadamente a mejor. Pero por desgracia, todavía hay gente que sigue pensando que hay gente de segunda. Gente que, por el hecho de tener una orientación sexual diferente a la suya, eso es motivo más que suficiente para quitarle determinados derechos como el de casarse o el de adoptar hijos.

Pero, en cambio, hay determinados sectores de la sociedad que se empeñan en poner palos a las ruedas de todo aquello que pueda significar un avance que haga que todas las personas tengamos los mismos derechos, procesemos la religión que sea o tengamos la orientación sexual que sea. Es como si pensaran que, por el simple hecho de ser iguales que la mayoría del resto de la gente, tuvieran más derechos que un homosexual o alguien que procesara cualquier otra religión que no sea la cristiana.

Por desgracia, hay ocasiones en las que determinadas leyes se basan en ideas no demasiado correctas. Al igual que hace varias décadas se dictaban leyes contra los negros porque la idea de muchas personas era que los negros eran ciudadanos de segunda y con el paso del tiempo la cosa fue cambiando, con los homosexuales parece que está pasando lo mismo. Se comienza redactando leyes contra ellos y es posible que, con el paso de los años, la sociedad entera, comenzando por las personas que dictan estas leyes, acaben aceptándoles aunque es bastante posible que haya gente que no les acabe de tragar.

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