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Fernando, querido y odiado
Por Daniel Lázaro
Fernando Alonso está a punto de proclamarse campeón del mundo de Fórmula Uno. Se dice pronto, pero… pese a lo que muchos creen, el asturiano ha tenido que luchar mucho para llegar a donde está, y no sólo él, también los ingenieros de Renault, que muchas noches se han quedado sin dormir para que el coche de Fernando pudiera estar listo para competir. Bueno, el de Fernando y el de Giancarlo, pues el coche del español no tiene nada que envidiar al del italiano, aunque se observen resultados muy distintos entre ellos, y, generalmente esto se decante de cara del “nano”.
Pero recordando sus inicios en esto de la Fórmula Uno, no quiero ni imaginarme lo que debió sufrir aquel “crío” subido en un Minardi en su primera temporada. ¿Eso era un coche? Sí, lo era, y corría muy rápido, pero… el resto lo adelantaba como si de una bicicleta se tratara y aquel monoplaza temblaba más que el centro de un terremoto. Qué se le va a hacer, para llegar a ser campeón hay que sufrir, y eso hizo él, aguantó hasta poder subirse a un coche de esos que a todos nos gustaría tener, sino el más rápido, uno de los mejores del plantel.
Y si pensamos en Fernando con aquel Minardi, ¿cuántos apostaban por él? Cuatro gatos mal contados. Su manager, su familia, amigos y Flavio Briatore. Pocos eran los españoles que creían en él, pero poco a poco han ido aumentando sus defensores y aficionados. Aunque parece inexplicable que haya españoles que no quieren para nada que un español esté tan arriba en la Fórmula Uno. Y es que me parece lamentable que se quiera que Fernando pierda cada una de las carreras en que compite. A cada uno le puede gustar un piloto, pero todos somos españoles y deberíamos querer que aquel que lleva nuestra bandera por el mundo estuviera siempre por delante del resto.
Pese a quién le pese, a las siete de la tarde comenzará la carrera que verá al campeón más joven de la historia de la Fórmula Uno, de nombre Fernando y de apellido Alonso. Y si no es en Brasil, será dentro de dos semanas, aunque quizá sería alargar la agonía de la mitad de España.
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