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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Rajoy o la cólera de Dios

Santi Benítez
Santi Benítez
lunes, 26 de septiembre de 2005, 02:06 h (CET)
Aunque alguien pudiera pensar que llevar la ley del matrimonio homosexual al Tribunal Constitucional, a toro pasado, es uno de los tantos intentos de suicidio político del PP –y lo pensaría porque parece que lo único que están intentando desde hace algún tiempo es desaparecer definitivamente del mapa político español– pero la cosa no es tan sencilla.

No hay duda de que la derecha conservadora española está perdiendo fuerza entre su electorado normal, por varias razones, aunque la principal es que el partido en el poder no lo está haciendo tan mal. Y el ciudadano se da cuenta.

Aunque lo intentan, vaya si lo intentan. Acebes Paniagua salía en televisión, Antena 3, claro, diciendo que la cosa estaba empeorando, que comenzaba a haber paro, pero con tan mala suerte que lo soltó justo el día en que los españoles conocíamos que el crecimiento económico del país del último trimestre no se veía desde el año 2000, que las pensiones, tanto contributivas como no contributivas, iban a subir de manera ostensible en estos próximos presupuestos y que, después de diez años, por fin, el estado va a invertir de forma clara en sanidad y enseñanza pública. En este último capítulo habrá un gasto muy superior en becas, incentivos a la investigación y un mayor gasto presupuestario dedicado a las universidades públicas.

Entonces, ¿Porqué este aparentemente extraño acto de llevar la ley al Constitucional, sobre todo teniendo en cuenta que casi con toda seguridad el Constitucional dará la ley por válida? Sólo existe una respuesta lógica. El PP está intentando captar a una parte del electorado que, desgraciadamente, está siendo atraído hacia grupos de extrema derecha. Lo importante en este caso no es que el Constitucional les dé la razón, lo importante es captar votantes para las próximas elecciones.

Mientras que el electorado progresista, que por suerte es mayoría en este país, empieza a encontrarse cómodo con este gobierno, el electorado más radical y menos informado, más apegado a tópicos extremistas, ven con buenos ojos este gesto.

No es algo extraño. En la última campaña electoral noruega, Bondevik no dudó en tender la mano a la extrema derecha a fin de continuar en el poder. En nuestro país no existe extrema derecha con escaños en el parlamento, pero eso no significa que no hayan descerebrados a los que cierto tipo de ideas les sean atractivas.

Ha sido un movimiento sutil por parte del PP, pero eso no esconde lo que intenta.

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