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Piérdete, Rita

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 24 de septiembre de 2005, 21:55 h (CET)
Veo en televisión una pintada en inglés, con mucho odio, dirigida a alguien no humano, pese a que como humano ha sido bautizado o elegido su nomenclatura de una lista de 21 nombres, estrenada en cada temporada de ciclones. Curiosamente, leo en el periódico que la lista, cíclica por sexenios, podría resultar corta y escasa, al menos este año, y en el otoño-invierno habría que echar mano de otros nombres ya estipulados como, por ejemplo, el de las letras del alfabeto griego para calificar al resto de tifones.

Enseguida pensamos, prejuzgando injustamente, que la pintada de “Piérdete, Rita” ha sido escrita por un joven reaccionario del sistema, quien presa de las circunstancias a las que le obliga este devastador huracán, lo humaniza y lo reta como si de un poderoso enemigo humano, vital o virtual se tratara para intentar vencerlo. Sabe el “graffitero” que poco puede hacer contra el desastre natural que se avecina, a pesar de ser ciertos los cálculos de los investigadores del clima, cuando aseguran que las tormentas tropicales se repiten y agravan con motivo del cambio climático provocado por un aumento de contaminación del planeta. Aunque fuera un joven de costumbres ecológicas, apenas podría luchar contra él, tal vez lanzando otra inscripción que diga “Piérdete, gas contaminante de efecto invernadero”. A lo mejor algunos gobernantes se daban por aludidos y ratificaban el Tratado de Kyoto, perdiéndose para siempre la contaminación y los futuros Ritas. Y es que estamos hartos de oír que el calentamiento del planeta no se fragua en poco tiempo, lo hace, según los expertos, probablemente en más años de los que pueda tener cumplidos el irritado chico autor de la pintada, sería necesario recordar que debemos adquirir buenos hábitos durante nuestra corta vida, pues corta lo es para el planeta por mucho que vivamos, unos hábitos saludables no contaminantes, quizá para que nuestros descendientes más lejanos, séanse por ejemplo nuestros tataranietos, no deban escribir, llenos de rabia pintadas como ésta, ni deban evacuarse de su ciudad con lo puesto, dejando que el ojo de cualquier huracán, con o sin nombre, gire con tan mala ceguera e intención hacia su casa y destruya lo que encuentre a su paso, o le quite la vida si es que fue uno de los que no llegaron a tiempo de marcharse del lugar de amenaza.

Al margen de desgracias también haría notar que tanto Rita como Katrina, como la mayoría de huracanes, llevan en sus coordenadas un nombre de mujer aún siendo masculinos, pero de eso ya se han quejado grupos de mujeres con serias razones de sexo y peso, máxime porque estos ciclones no traen nada bueno y además personalmente el nombre propio en cuestión me trae connotaciones familiares y cinematográficas que nada tienen que ver con los huracanes salvo en un sentido fílmico y figurado.

A la publicación de estas líneas el malévolo y descontrolado Rita habrá sido más malévolo aún de lo que quien suscribe sabe, pues es hoy cuando se alcanzará, según los meteorólogos, su máxima virulencia tras cruzar el Océano atlántico, de continente a continente, de África a América. Después de azotar las costas de Bahamas, Cuba y Florida ha llegado al estado de Luisiana, donde no hace un mes ya fue más que castigada la ciudad de Nueva Orleáns e inundada de agua y de un millar de muertos.

No sabemos si el joven de la frase irreverente perdió algún familiar en el Katrina, o ha sido doblemente evacuado o incomodado de su habitual ritmo de vida, o quizá quiere proteger lo poco que le queda a él y a su familia con frases como ésta, pero me uno a su dolor e impotencia y deseo que el efecto demoledor pase de largo en medio del Océano donde no haya un ser vivo y se pierdan sus quince kilómetros de altura en la nebulosa del espacio, mientras los hombres dirigentes de la Tierra hagan algo para evitar que amenazas como ésta se repitan y vuelvan.

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