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Etiquetas:   Acuerdos y desacordes   -   Sección:   Opinión

Vivir en el trabajo y la expulsión de la mujer

Ana Morilla Carabantes
Ana Morilla
viernes, 23 de septiembre de 2005, 23:56 h (CET)
Quién no ha pensado alguna vez que le faltaría tener una cama y una ducha en el despacho. Cruzar la ciudad para hacerse una ensalada, dos zappings y dormir algunas horas no tiene mucho sentido.

España es probablemente uno de los países del entorno europeo donde más horas se trabaja por encima de la jornada legal: no están aún generalizados los mecanismos de productividad asociados a resultados y sigue primando la imagen subjetiva de implicación del trabajador, es decir, “hacer más horas que un reloj” y la política de “despacho”, apariencia y relaciones que el trabajador proyecta en su organización.

El overtime cultural tiene efectos devastadores: genera una cultura de la ineficiencia, convierte las bajas en una constante, provoca desidia, hastío y desmotivación, insolidaridad entre compañeros, culpabilidad por cumplir el horario real, muta al homo sapiens, con su creatividad, energía y equilibrio, en ese autómata animal de oficina que es el homo laborans…Por supuesto, impide la conciliación vida personal y laboral, con lo que ello conlleva de desatención infantil, rupturas familiares, y proliferación de múltiples males de nuestro tiempo, como estrés, ansiedad y depresiones.

Pero es la expulsión de la mujer del mundo del trabajo el efecto más evidente de la costumbre generalizada de exceso de horas. Cuando tras cumplir el ciclo de maratones horarias laborales hay que afrontar el mundo interminable de la gestión del hogar, con sus lavadoras, sus compras en el super que siempre cierra y las operaciones logísticas de los hijos, es normal acabar sacando la bandera blanca y renunciar a viejos sueños.

Muchos son los factores que hacen de España un líder en el ranking europeo de sobredosis horarias laborales. Algunos provienen de los cambios de configuración de nuestro mercado laboral y la falta de adaptación de las normas de protección del trabajador y de los sindicatos al nuevo contexto.

El operario de hoy es un universitario/a que trabaja en el sector servicios con contrato precario y sindicalmente desprotegido: ansioso de las mieles burguesas de nuestro crecimiento económico pugna por mayores ingresos con los que pagar una astronómica hipoteca – o más bien una cuenta vivienda. Tiene que redimirse de la competencia y masificación de un mercado saturado de masters, aceptando condiciones abusivas y un puesto inferior a su preparación en el que medrar con ahínco.

Otros perfiles que abundan en mundo de las sobrehoras son el cargo directivo medio, el profesional liberal y el autónomo de microempresa: han construido su carrera inmolándose personalmente en la búsqueda de una excelencia en la que hay que dejarse la piel. La semilla burguesa del triunfo entendido como escalada social, económica y profesional germina especialmente en éstos perfiles con condiciones de trabajadores pero consciencia de empresario.

Otras causas de las macrojornadas, provienen también de nuestros vertiginosos cambios sociológicos: como la reciente adaptación a horarios europeos( inicio de jornada, pausa de comer reducida a un sándwich…) y la coexistencia con horarios meridionales que perpetúan jornadas hasta las 9 de la noche. Ello supone que un profesional – mujer u hombre - joven y ambicioso puede hacer fácilmente jornadas presenciales de 11 horas con alguna pausa de media horita para comer.

Pero esta reflexión venía por el anuncio de Mercabarna de haber creado “una ciudad de servicios” dentro de sus instalaciones para “facilitar a sus 25.000 empleados la conciliación vida personal y familiar”. Mercabarna dispone ya de guarderías, centro médico, dentista, un hotel de cuatro estrellas, una ferretería, una administración de loterías, una óptica, una notaría, una agencia de viajes, un fisioterapeuta, una joyería... y una amplia oferta gastronómica con 23 bares y restaurantes.

Pone los pelos de punta que muchas de las medidas de Responsabilidad Social y Conciliación que adoptan las empresas, no vayan encaminadas a la libertad y flexibilidad elegidas por el trabajadores y trabajadoras para poder organizar sus jornadas acorde a sus condiciones de vida (jornadas a tiempo parcial sin discriminación, opción a teletrabajo, flexibilidad horaria, mejoras a la excedencia...) sino a que se permanezca más horas en “la ciudad del trabajo”. Terrible.

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