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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Demagogias contemporáneas

Raúl Tristán (Zaragoza)
Redacción
jueves, 22 de septiembre de 2005, 22:07 h (CET)
Nuestros siglos XX y XXI han venido cargados de una ingente caterva de temas intratables en debates públicos y abiertos, con un mínimo de coherencia y lógica en los razonamientos debido a la enorme losa demagógica que sobre ellos pesa.

Todos tememos hablar de la inmigración y los problemas de índole económica, sanitaria o de seguridad que acarrea, al márgen de los beneficios que pueda suponer para nuestro país. Lo políticamente correcto es decir que en la inmigración son todo aspectos positivos, olvidándonos de la quiebra de nuestra sanidad, sobrecargada por miles de personas que no cotizan pero a las que se les debe dar servicio; ignorando las cientos de bandas callejeras de Ñetas o Latin Kings, o de traficantes de droga, extorsionadores, criminales, proxenetas y demás jauría venida de países del Este. Haciendo oídos sordos y la vista gorda ante los cientos de africanos que se agolpan en la nocturnidad con sus mantas de productos ilegales... Todo esto es incorrecto decirlo, aunque sea tan real como que gracias a la inmigración se han incrementado las cotizaciones y la natalidad. Decir esto supone ser tachado de racista, aunque uno haya visto más mundo y conocido más culturas que muchos de esos que ladran mucho, pero sin llevarse a su casa a unos cuantos de esos inmigrantes a los que tanto dicen defender.

Igual ocurre con las ansias independentistas de tal o cual comunidad autónoma, revestidas de un falso constitucionalismo, y que no buscan sino la cercenación del modelo de Estado que hoy conocemos en España.

Y sí, el tema de la igualdad hombre-mujer es otro de esos temas tabús, en los que si no estas del lado de los que van de "guais" en todo, es que eres de los malos. Ya puedes ser quien más horas pases en la cocina de tu casa, o cambie pañales a todas horas, o simplemente que en tu hogar y en tus relaciones mantengas una trato absolutamente igualitario con la mujer que, en cuanto opines que lo de el género en el lenguaje está llegando a extremos absurdos, o que del machismo estamos pasando al feminismo radical, o que en una oposición en la que haya que realizar unas pruebas físicas, todos/as deberían pasar las mismas y con el mismo baremo, o se manifieste uno en contra de la discriminación positiva (no deja de ser sino discriminación contra el varón) y las cuotas de porcentaje de hombres y mujeres, entonces, ya eres un machista redomado, sin posibilidad alguna de redención.

Habría decenas de cuestiones como estas, sobre las cuales opinar es ciertamente peligroso. Es triste, pero eso es lo que nos ha tocado vivir.

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