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El gasoducto báltico cambia la correlación de fuerzas en Europa a favor de Moscú

Igor Tomberg
Redacción
jueves, 22 de septiembre de 2005, 22:07 h (CET)
La estabilidad de los suministros de agentes energéticos para Europa en los próximos decenios dependerá de las relaciones que haya entre ésta y Rusia. Esta es la idea fundamental que expresó hace poco el ministro británico de Energía, Malcolm Wicks, durante su visita a Moscú. No será una casualidad de que tal tesis haya resonado pasados solamente unos días después de la firma del convenio ruso-alemán sobre la construcción del Gasoducto de Europa del Norte (GEN).

El documento fue suscrito en Berlín el 8 de septiembre entre la empresa rusa GAZPROM y los consorcios alemanes BASF y E.ON, en presencia de dos jefes de Estado, Vladimir Putin y Gerhard Schroeder, llegando a ser quizás el más vivo acontecimiento geopolítico de los últimos meses. Por este nuevo gasoducto, que atravesará el mar Báltico, se realizarán envíos directos de gas ruso a Alemania, esquivando a los Estados de Europa del Este, las relaciones con los cuales dejan qué desear. A la par con la tubería principal, se tenderán unas secundarias hacia Suecia, Finlandia y la provincia de Kaliningrado. De ahí que se trate del aumento de la presencia de Rusia en Europa tanto en el aspecto energético como en el político.

El proyecto promete beneficios para Rusia. En opinión de expertos, ya durante el primer año de explotación del GEN el país obtendrá unos 4 mil millones de dólares. También se reducirán los gastos relacionados con el tránsito, los cuales actualmente sólo en el tramo ucranio llegan a un 20 por ciento (un 13 por ciento se paga por el propio tránsito y el restante 7, para mantener la presión en las tuberías). A ello se suman el costo del tránsito por Bielorrusia y Polonia y los gastos de explotación.

Es importante asimismo que a la "red de GAZPROM" puedan conectarse nuevos países, en primer lugar Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca. También se prevé la posibilidad de desviar tuberías hacia la península escandinava. De este modo el proyecto resulta ser resarcible y, además de las perspectivas financieras, ofrece buenas posibilidades geoeconómicas para Rusia en lo de ampliar su presencia energética en Europa (en la persona de GAZPROM). Pues según dijo el ministro inglés, para garantizar un buen funcionamiento del mercado energético interno, la Unión Europea tiene que valerse de suministros internacionales, y hacerlo cooperando con unos socios energéticos estratégicos como Rusia. Tenemos intereses comunes con Rusia, la que ya está cubriendo el 50 por ciento de las necesidades europeas de gas, dijo Wicks.

Alemania tampoco va a salir perdedora. A la par con los dividendos políticos que van a recibir Schroeder y su equipo, las compañías alemanas por vez primera van a obtener acceso a los yacimientos de gas rusos, de los que se nutrirá el gasoducto. Además, vía Alemania a Europa Occidental se dirigirán complementariamente 55 mil millones de metros cúbicos de gas ruso.

Pero en esta situación ciertos países de Europa del Este y del mar Báltico limítrofes con Rusia se han sentido "ofendidos". La potencial amenaza de privarse de los ingresos que se obtenían por el tránsito de gas y de recibir en el futuro próximo envíos reducidos de éste ha llevado al enfriamiento de relaciones entre Alemania y Polonia. Las personalidades oficiales de Letonia y Lituania critican no tanto el propio convenio GEN cuanto la posición mantenida por Alemania, así como el desprecio que se muestra en Bruselas por los intereses de las "pequeñas" naciones europeas.

Y tienen fundamentos para proceder así. La Comisión Europea que acababa de rechazar el proyecto de tendido del gasoducto Amber vía Polonia, Ucrania, Letonia y Lituania, propuesto por el primer ministro polaco Marek Belka, casi al día siguiente aprobó el convenio ruso-alemán. Aplaudimos la creación de toda infraestructura llamada a garantizar el suministro de gas a los países de la UE, dijo en Bruselas el portavoz de la Comisión Europea, Rupert Krietemeyer.

De ahí los mordaces calificativos que ponen ciertos políticos. Al definir el convenio GEN como "pacto Schroeder - Putin", el presidente polaco Alexander Kwasniewski provocó la esperada reacción por parte de los países bálticos. En éstos el documento se interpreta por poco como una nueva variante del "pacto Molotov - Ribbentrop". "Al anclar en Alemania, se podrá controlar un espacio grande, dividiéndolo. Por lo cual, sabiendo el modo de pensar de los planeadores de la política rusa, se puede afirmar que la llamada unión económica entre Rusia y Alemania no será sino una alianza política", comentó el ex presidente de la Dieta de Lituania, el europarlamentario Vytautas Landsbergis.

En efecto, según escribió "The Guardian" británico del 8 de septiembre, "el proyecto ruso-alemán de construcción del gasoducto potencialmente puede cambiar la situación geopolítica en Europa". Y ya lo estamos observando. El desprecio por Bruselas a las apelaciones dirigidas por los "ofendidos" se debe no en el último lugar a que la situación política en varios países por los que se efectúa el tránsito de petróleo y gas de Rusia a Europa Occidental no es estable, lo que vinieron a confirmar los acontecimientos que tuvieron lugar últimamente en Ucrania. Y dada la creciente inestabilidad de los mercados energéticos mundiales, se da preferencia a un socio tan fiable como es Rusia...

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Igor Tomberg es experto del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de Rusia, para RIA "Novosti".

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