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El Estatuto telonero

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 22 de septiembre de 2005, 22:07 h (CET)
Cuando uno lleva ya muchos años, como yo, en el mundo de la política y, también, en el de la música sabe perfectamente qué es un “telonero”, en unas y otras circunstancias. En los recitales musicales se denomina telonero al grupo que abre el fuego, al que comienza a desgranar sus canciones mientras el público va ocupando sus localidades una vez tomada la penúltima “birra” en la precaria barra del bar. En la política el telonero es el partido político o la actuación política que sirve para desviar la mirada hacia él y disfrazar todo aquello que vendrá más tarde. Es por todo esto que me atrevo a denominar “estatuto telonero” a ese proyecto que ha sido presentado ante el Parlamento español avalado con las firmas del Partido Popular y el PSOE del País Valenciano. Telonero y modelo de corsé estatutario dibujado por el más rancio nacionalismo español.

Nunca me he fiado de los pactos entre los dos partidos mayoritarios en la política española. Quizás a ellos, más pragmáticos, les hagan falta. Pero los ciudadanos de a pie siempre hemos desconfiando de estas componendas amigables. Ya a principios de los ochenta, cuando se fijaron las bases del vigente Estatuto de Autonomía valenciano, la derecha de siempre logró engañar como a pardillos a los socialistas que, entonces, regían por mayoría este País que pasó a denominarse Comunidad, como cualquier edificio de pisos. Entonces nos quedamos sin señas de identidad, sin nombre, sin bandera y sin denominación de la lengua que llevamos siglos hablando junto a nuestros vecinos del Norte y el Este. Como ahora se nos dijo que todas estas claudicaciones de los socialistas eran para seguir caminando hacia delante. Pero todo fue una inmensa mentira.

Ahora los dos partidos mayoritarios del País Valenciano aparecen cogidos de la mano y besándose en los morros en la Carrera de San Jerónimo, sentaditos cual escolares ante sus señorías. Y total para hacer el necio papel de “teloneros”. Nunca nadie nos ha tomado en serio a los valencianos, y la verdad es que nos hemos ganado a pulso el que todo sea así. La discusión de nuestro futuro Estatuto parecía una novillada sin picadores. Los primeros espadas se escondían tras los burladeros de su escaño y dejaban las labores de lidia y aliño a los subalternos. Zapatero delegaba en la vicepresidenta, quizás por aquello de que es de Xàtiva, y Rajoy ni tan siquiera confiaba en el verbo del cartagenero Zaplana, “el niño del 16 válvulas” dejando las labores de aliño del morlaco para otro cartagenero. Trillo, “maestro de Perejil” fue quien tuvo a su cargo la brega del becerro del estatuto. Al fin y al cabo es diputado cunero por Alacant. Ese ha sido el poco respeto que los grandes maestros de la tauromaquia política han tenido con nuestro nuevo, pero ya obsoleto, Estatut. Y, mientras, el director de lidia, Paco Camps, “niño de las monjas” pasaba las cuentas del rosario desde la tribuna de los invitados.

No es este el Estatut que esperábamos muchos valencianos. Y así lo expresaron desde la tribuna aspirantes a matador como Cerdà, “niño dels països” o Isaura Navarro”la niña roja”. Miles de valencianos miraban el remedo de fiesta nacional que en las Cortes se celebraba con el desasosiego de saber que nunca seriamos ni tan siquiera público de la misma. Allí se hablaba de España, de lo buenos que éramos los valencianos con esa España de Isabel y Fernando, de lo malos que son los catalanes y los vascos, que siempre quieren más, y encima romper España, y de que nuestro Estatut va a servir de corsé y medida para todos los que a partir de ahora lleguen a los escaños de la carrera de San Jerónimo.

Tengo la triste sensación de que el País Valenciano ha servido de conejillo de indias para esa reforma estatutaria que Zapatero prometió cuando creía que tardaría en residir en la Moncloa y que ahora le viene grande. Pero ya estamos acostumbrados a todo esto. La verdad es que es difícil encontrar entre mis paisanos gente preocupada por su identidad nacional. Como decía el Sr. Trillo para muchos valencianos ser eso, valencianos, es una manera más de ser español. Ya lo dice nuestro himno, estamos aquí, en estas tierras de palmeras, huertas, flores y la Ford ,mientras no se vaya a Polonia, para “ofrendar nuevas glorias a España”. El problema es que cada día somos más, “molts més dels que ells diuen i volen” como canta Raimon que ya no nos creemos tantos cuentos como nos han contado. Si este Estatuto no se reforma en el trámite parlamentario, y no se reformará en lo importante, los valencianos seguiremos siendo “flojos y muelles” como decía de nosotros el Conde-Duque de Olivares. Y si no se rebaja la condición de obtener un 5 % de los votos de todo el País Valenciano para tener representación parlamentaria miles de valencianos seguiremos excluidos de la política de nuestra tierra. El PSOE dijo en su programa electoral que lo haría. Ahora con la excusa del consenso con la derecha más retro y caciquil sigue negando el derecho a la participación política a muchos valencianos. Quizás el partido socialista está interesado en un bipartidismo que es una traición a la democracia.

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