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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Sin retorno

a locura melancólica no tiene sentido; pero el reto del progreso no admite enajenaciones
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 17 de noviembre de 2017, 07:57 h (CET)
Lanzados a la vorágine de la existencia, apenas disponemos de tiempo para saborear sus pormenores, aceptarlos o combatirlos según nos afecten. Los eventos del pasado por lo incompleto de su conocimiento, el futuro todavía impreciso y el presente por la fugacidad de sus momentos. Las horas no se repiten, las EVOLUCIONES individuales o colectivas estàn definidas por su instalaciòn en los cambios continuados. Las situaciones que afrontamos siempre son nuevas, al màrgen de los rasgos repetidos. El porcentaje de factores persistentes delimita la personalidad de cada cual, incluìda una cierta manera de enfocar las novedades. Pero el reloj es inclemente, dictatorial o estimulante, segùn lo percibamos.

Las ocupaciones cotidianas nos aturden, nos inquietan, y en no pocas ocasiones nos mantienen angustiados. Por eso son necesarios los alivios momentàneos para darnos un respiro; con toda una gradaciòn de respuestas. Constituiràn LIBERACIONES excèntricas, por fuera de las preocupaciones habituales; deportivas, artìsticas, actividades de ocio en suma. En la mencionada gradaciòn residen las virtudes y los riesgos de las liberaciones. Su carencia deja sumergido al ciudadano en los problemas. Sin embargo, la extralimitaciòn de juegos o actividades evasivas, conduce a una enajenaciòn de malas consecuencias. Anclados en las pretendidas liberaciones, se desentiendes de las ocupaciones necesarias.

Comenzamos por no hacer caso de un ruiseñor, de una rosa, de las estrellas o la luna; para desentendernos de la mayor parte de las realidades circundantes, incluida la presencia de otros seres humanos. Y esa es una actitud alocada como ninguna, porque nos coloca alejados del mundo en que vivimos. Esa INDIFERENCIA es notoria en la actualidad, sufrida a diario en los desencuentros habituales; ni el medio ambiente, ni las personas, ni el resto de seres vivos, atraen las atenciones de los ensimismados ciudadanos. Supone un punto de partida expresivo, practicamos sobre la falsedad de unos aislamientos irreales, a costa de quienes aùn conserven algùn sentimiento como personas.

La indiferencia viene coloreada en muchas ocasiones de todo lo contrario, de un interès desmesurado por las existencias del entorno; sólo que suelen ser portadores de una POLARIZACIÒN extremada hacia ciertos sectores, ecològicos, dietèticos, mascotas, viajes, negocios, etc. Esa direccion hacia un àrea de actividades repercute en el desdèn, el olvido e incluso el desprecio agresivo enfocados hacia los discordantes. Esa polarizaciòn de gestores, profesionales, polìticos; añade una malicia especial a la indiferencia. Una vez encaminados en estas orientaciones, el retorno se convierte en una tarea improba y la inercia mantendrà los efectos indeseables del desapeo general.

Desde las simples comunidades de vecinos a las agrupaciones en torno a diversas actividades, incluyen a gente con diferente talante, con una fuerte tendencia a la fijaciòn de ideas, poco propicia a las rectificaciones. Las actitudes suscitadas ante los problemas ponen a prueba las cualidades de los afectados. Destaca la presencia de los MINADORES, tan predispuestos a la crìtica destructiva, que torpedean las iniciativas grupales sin contrapartidas creativas. Su acendrado comportamiento se transforma en una tarea permanente. No hay reconvencion que valga, su tenacidad rompe los esquemas. Identificarlos serà una tarea primordial para situarnos en condiciones de contrarrestarlos.

La adaptación a las sucesivas circunstancias encontradas exige una flexibilidad que quizá no estemos dispuestos a concederle. Digamos que somos poco maleables, obcecados en el seguimiento de las ideas propias, prestando escasa atención a las propuestas ajenas. Esa REDUNDANCIA en torno a lo particular impide los replanteamientos sobre las decisiones adoptadas; aboca a la rigidez de los comportamientos, en una sociedad metida de lleno en ambientes cambiantes, en los que las fijaciones carecen de sentido casi siempre. Pese a todo, esa postura sobrada de no ceder un ápice, nos aleja de los posibles contactos gratificantes, los de carácter integrador de cara a las discordancias.

Hasta algunos afamados filósofos nos inducen a confusiones peligrosas, por sus tendencias ocasionales un tanto insensatas y preocupantes. Porque decir que todo lo que se razona es real, tiene bemoles; si razono sobre el vuelo de los asnos entre las estrellas, fuera de mi cabeza, esa realidad desaparece. Y asi, entre las declaraciones de gente con responsabilidades, detectamos su RECONCOMIO fantasioso, esa comezón de protagonismo basado en sus enajenaciones. Menosprecian la historia, acosan a los discrepantes, solo ellos son portadores de sentido. Sorprende el carácter contagioso de estas ínfulas, extendiendo la estupidez sin remision; agrandando el fenómeno sin justificación.

Aunque lancemos improperios sobre las molestias originadas por los avances tecnológicos y nuevos hábitos sociológicos, sin duda escocidos por los inconvenientes de nueva aparición; a pesar de todo ello, estamos ante una situación sin retorno, el PROGRESO al que no afectan las melancolías. La abundancia de los retos sobrevenidos es muy exigente, hacerles frente requiere mucha atención y ajustes permanentes, pero proyectados hacia el futuro. Las miradas retrospectivas apenas representan unos pequeños matices a tener en cuenta, un dato añadido a las multiples conexiones relacionadas con las vivencias actuales.

Sin duda, protagonizamos un contraste curioso, las exigencias parecen multiplicarse, presentando sus múltiples aristas, de requerimientos en continua renovación, mientras las personas, con ansias de tranquilidad, tratamos de estabilizar los eventos trabajando contracorriente. Supone una CONTRADICCIÓN existencial de tintes inevitables, forzados por las circunstancias; a la vez que originamos nuevas irregularidades, en no pocas ocasiones con carácter caprichoso.

Hablamos con frecuencia de la recuperación de cualidades del pasado, criterios o actitudes; cuando las circunstancia y los ambientes actuales son diferentes. Pensar en ese regreso representa un ANCLAJE anacrónico, se nos solicita una creatividad permanente que no permite pausas prolongadas. Insisto en que no conviene desdeñar el valor de ciertos anclajes como puntos de apoyo, pero sin adjudicarles una determinación que no alientan; la actualidad les reta a su adapatación. El laborioso mantenimiento de los valores significativos no los convierte en piezas inamovibles, siguen siendo conceptos relativos.

Las excesivas miradas retrospectivas traen aparejada la escasa atención hacia las repercusiones futuras de nuestras decisiones actuales. Centrados en los retornos imposibles tendemos a olvidar las responsabilidades de cara al porvenir, en una debacle que pudiéramos denominar como LOCURA MELANCÓLICA, en sus manifestaciones peculiares para cada sector, para cada individuo.
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