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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Vandalismo emergente

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
miércoles, 21 de septiembre de 2005, 22:39 h (CET)
Últimamente los políticos tratan con mucha frecuencia el problema del vandalismo que prolifera en nuestra ciudades dado que deja de ser casos aislados de incivismo para convertirse en un auténtico problema de orden público. El ayuntamiento de Barcelona calcula que los costes de reparar los daños que provocan las conductas incívicas juveniles se aproxima al millón de euros mensuales. Doce millones al año que se podrían dedicar a otros menesteres, a veces urgentes.

Miquel Roca i Junyent comienza así su artículo NI UN DÍA MAS: "Un vándalo no se improvisa. Ni se hace vándalo, ni se consigue serlo de la noche a la mañana. Para ser vándalo se necesita entreno, y todo ello, es un proceso largo que, teóricamente no debería pasar desapercibido para padres, vecinos, profesores, amigos. Se empieza con pequeñas cosas y se acaba practicando el más desacerbado, incívico y antidemocrático vandalismo. Muchos fracasos se acumulan a lo largo de este proceso. Padres que no ejercen como tales, un sistema educativo en crisis, autoridades que han preferido la inhibición al conflicto, y una sociedad que no ha sabido delimitar con claridad ni acierto los límites entre la legítima contestación al sistema y la agresión a los valores democráticos de la convivencia cívica".

El vandalismo que nos afecta y del que tanto nos quejamos es el resultado de muchos años de incubación. Los resultados de esta gestación no son fáciles de erradicar. Pero hemos de acometer la empresa que tenemos por delante todos juntos: padres, escuela administraciones. En ello nos va la preservación del nivel democrático alcanzado hasta el día de hoy o regresar a la edad de las cavernas en donde impera la ley del más fuerte.

Acostumbramos a ser muy cínicos. Cuando el presidente del gobierno o una autoridad extranjera visita nuestra ciudad, de prisa y corriendo se maquilla el itinerario que recorrerá la personalidad visitante. Con dicha actitud no hacemos más que engañarnos a nosotros mismos porque pretendemos escamotear algo que está bien presente y que queremos hacer creer que no existe. Con esta actitud de poner bajo de la alfombra la basura que no queremos que se vea manifestamos que no hemos entendido lo que realmente somos. Antoine Rivard, moralista francés del siglo XVIII, pone el dedo en la llaga cuando escribe: "Los pueblos civilizados son tan vulnerables al veneno de la barbarie como el hierro colado al óxido. Los pueblos y el acero sólo tienen un brillo superficial".

Miquel Roca coincide con Jane Addams, reformadora social norteamericana cuando ésta escribe: "El futuro de América lo determina el hogar y la escuela. El niño se convierte en lo que se le enseña, he aquí porque se ha de prestar mucha atención a lo que enseñamos y como vivimos". Miquel Roca y Jane Addams coinciden en que el hogar y la escuela son los pilares sobre los que se ha de construir el futuro nacional. Dado que tanto el hogar como la escuela se han degenerado hasta el punto de que han dejado de ser diques de contención del vandalismo destructor, ¿cómo pueden estas instituciones recuperar el papel perdido? Pienso que el trabajo de restauración debe de empezar en el hogar porque es aquí en donde debe iniciarse la labor de forjar el carácter de los ciudadanos que en un futuro próximo darán lustre a la nación en sus quehaceres privados y públicos.

¿Qué ha ocurrido en el hogar que haya perdido su papel educador para el bien familiar y social? ¿Qué tiene que recuperar para que vuelva a ser el centro neurálgico de formación ética y moral que revierta en bien de la comunidad? Cuando se pierden las raíces y se olvida de donde se procede, el resultado es la degeneración moral. Esto es ni más ni menos lo que ha sucedido. El hogar ha perdido sus raíces más profundas que lo vinculan a Dios, el Creador, el resultado de la pérdida es la degeneración moral y ética. Es imprescindible volver a conectar con los orígenes.

El hogar no son ladrillos. Estos materiales sirven para construir un cobijo protector para las personas que se instalan en él. El hogar lo forman personas. Los padres son su fundamento y quienes deben tomar la iniciativa en recuperar las raíces que los unen a Dios su Creador. Restablecido el contacto, de una forma espontánea sentirán la necesidad de instruir a sus hijos en los caminos del Señor Jesucristo. Esta instrucción espiritual servirá de vallado que impedirá que la prole se una a las pandillas que estimulan la práctica del vandalismo. Los vándalos no acostumbran a hacer sus fechorías en solitario, suelen actuar en grupo.

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