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El presidente iraní debuta en la tribuna de la ONU

Dmitri Kosyrev
Redacción
martes, 20 de septiembre de 2005, 23:52 h (CET)
"Las posibilidades de una solución política o diplomática en el marco de la AIEA no se han agotado en absoluto" - declaró el presidente de Rusia en referencia al problema nuclear de Irán. Esta afirmación, hecha por Vladímir Putin en una rueda de prensa al término de su entrevista con George W. Bush, representa en opinión de los medios estadounidenses la noticia más importante de su visita y significa que la flamante iniciativa de la secretaria de Estado norteamericano, Condoleezza Rice, encaminada a involucrar nuevos países en la política de presiones sobre Irán, no ha cuajado.

Es más: otras dos naciones que la Sra. Rice quería reclutar para su plan -India y China- han respondido a Washington con mensajes similares. Fuentes diplomáticas indican que Moscú, Pekín y Nueva Delhi ni siquiera han tenido que ponerse de acuerdo para hacerlo, a pesar de que los respectivos dirigentes estaban en ese momento en Nueva York, en la Cumbre de la ONU, y hubo reuniones al nivel de ministros y jefes de Estado. Lo que pasa es que, desde un principio, las tres naciones citadas mantienen una postura idéntica a este respecto, formulándola en los términos más o menos siguientes: Irán no debe convertirse en una potencia nuclear, por lo cual resulta inadmisible tratarlo tal y como viene intentando EE.UU.

En lo que concierne al aspecto militar del programa iraní, Rusia, India y China defienden un planteamiento similar al de EE.UU., así que la cuestión consiste en el arsenal de herramientas que deberían usarse en esta materia. Su actitud, dicho sea de paso, también coincide con la de Teherán, que califica las armas nucleares como contrarias al Islam.

Ahora es evidente que EE.UU. no tiene por qué seguir imponiéndoles a los directores de la Agencia Internacional de Energía Atómica, en la reunión que tienen prevista para el 19 de septiembre, su antigua propuesta acerca del traspaso del dossier nuclear iraní al Consejo de Seguridad de la ONU. Incluso si Washington consigue obtener, tal y como espera, 20 de los 35 votos en la AIEA, no será una mayoría convincente. Y menos ahora que la introducción de eventuales sanciones contra Teherán en el Consejo de Seguridad se vuelve prácticamente imposible debido a la clara postura defendida como mínimo por dos de sus miembros permanentes, Rusia y China. Los demás integrantes de este organismo también podrían tomar en consideración que la AIEA no tiene evidencias sólidas de que Irán haya cometido alguna violación del régimen de la no proliferación. Lo único que hay en este sentido son sospechas de ciertos países, y encima, sospechas que tienen connotaciones políticas.

Podríamos sacar la conclusión de que EE.UU. y sus aliados en el escenario internacional deberían optar ahora por una revisión de su estrategia, táctica y tono de comunicación con respecto a Irán, especialmente porque hay factores adicionales a favor de tal cambio aparte de la actitud anunciada por el trío euroasiático formado por Moscú, Pekín y Nueva Delhi. En primer término, me refiero al huracán que ha devastado una de las ciudades más hermosas de EE.UU. dejando a Washington sin recursos para una operación bélica a gran escala contra Irán. El "precio de Katrina", es decir, la suma que EE.UU. deberá asignar para la recuperación de la zona anegada en Nueva Orleáns, se calcula en torno a US$200.000 millones, más de lo que ha costado la guerra de Irak. La situación se vuelve aún más evidente por el hecho de que en Irak, según las informaciones más recientes, se gastó el dinero que el Congreso norteamericano debía haber destinado para mejorar los sistemas de protección contra las catástrofes naturales.

La 60 Asamblea General de la ONU, con su diplomacia de alto vuelo, también ha favorecido las posiciones de Irán, y no de EE.UU.

El debut diplomático del nuevo mandatario iraní en la Cumbre de la ONU ha sido muy espectacular. Podríamos afirmar incluso que Mohammad Ahmadineyad ha sido el principal protagonista en la Asamblea. Todos estaban pendientes de su discurso del sábado, en el que debían anunciarse las nuevas iniciativas de Irán en relación con el problema nuclear, y comentaban cada palabra dicha por él antes o después de las reuniones bilaterales.

La intervención de Ahmadineyad, iniciada como una prédica del muecín acerca de la justicia en las relaciones internacionales, contenía una tesis irrefutable: es inadmisible una situación en que un grupo de países cierra a todos los demás el acceso a la energía nuclear, frenando de esta manera el progreso de la mayor parte de la humanidad, especialmente, habida cuenta de que la Carta de la AIEA, según recordó el líder iraní, menciona la asistencia a otros Estados para el desarrollo de la energía atómica de uso civil como obligación de los miembros de la comunidad internacional. Este discurso fue acogido con grandes aplausos.

La postura de un dirigente que declara desde la tribuna cuanto los demás no se atreven a pronunciar, a pesar de que piensan lo mismo, resulta bastante ventajosa. La historia de las Naciones Unidas conoce no pocos discursos retumbantes que desafiaban, desde la primera y hasta la última palabra, a Washington, Occidente, y al orden internacional en vigor. También en esta ocasión han competido por los laureles del orador más osado el presidente de Venezuela Hugo Chávez, su homólogo bielorruso Alexander Lukashenko, el líder parlamentario cubano Alarcón de Quesada y muchos otros. Pero nadie ha logrado colocarse en el ojo del ciclón diplomático y comportarse ahí con tanta seguridad como el nuevo presidente de Irán. Nadie habría podido pronunciar de manera tan espectacular como él la frase de que "ha finalizado la época del uso de la fuerza en las relaciones internacionales".

En caso de que Mohammad Ahmadineyad consiga a la larga alguna fórmula aceptable para Estados Unidos y Europa en lo referente al arreglo de la crisis nuclear, es decir, si consigue sobrevivir, las naciones islámicas y el mundo en desarrollo tendrán a un nuevo líder respetable, capaz de contribuir mucho a la superación de esa peligrosa fisura que se está observando en los últimos años entre la civilización occidental y la musulmana.

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Dmitri Kosyrev es comentarista de RIA "Novosti".

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