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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Adelantados contemporáneos

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
martes, 20 de septiembre de 2005, 23:52 h (CET)
No son los vaticinios misión de esta columna, pilastra, o poste de señales, cada vez que enfoca el teleobjetivo sobre el solar español como parte que es de la gran aldea mundial, recién descubierta para la mayoría merced a las maravillas de la tecnología. Viene a cuento esta aclaración porque, según qué es lo que se observe el panorama, parece como si este país que se formó con la integración de reinos y de territorios ganados a los moros –palabra adecuada, según el Diccionario-, se encontrase en la actualidad “alumbrando” pequeños estados que desean liberarse de la presión del claustro materno.

Tras la España de las autonomías, que para tanto da, han aparecido personajes destemplados que se aúpan sobre reivindicaciones independentistas que parecían sólo tópicos de la España de escenario. Si esta península estará mejor, o igual, compartida, además de con Portugal, por varios países más derivados de su antiguo origen, el tiempo lo dirá. Mientras esto se comprueba o no, surgen algunos personajes con papel de adelantados. No cabe duda de que este cometido de “adelantado”, suena bien, y se asocia con hombres singulares y capaces de cargar sobre su espalda misiones arriesgadas. Ocurre, que, mirando con ecuanimidad, ninguno de los presentes dan esa talla entre los que así se proclaman tras su “elección” local.

Juan José Ibarreche ha sido reiteradamente comparado, por su sobresaltado rostro, con los tipos del espacio exterior que se acostumbra en algunas películas. Desde este lugar se le ve, más bien, como el cumplidor pastor montaraz de las verdes tierras del norte a quien le va la boina, una ancha blusa de rayas azules, y alpargatas sujetas con largos cabos a lo largo de la pantorrilla. Su mirada, aparentando perspicacia, no seduce, y ni presentando fantasiosos proyectos logró convencer a sus paisanos. Fue recibido en el Parlamento español, y se le escuchó reconociendo el vigor que ponía en exponer su “plan”. Ahora, vuelto a su aldea, sube y baja como los corchos con el oleaje, según soplan los vientos de la Historia que lo terminará borrando.

Pascual Maragall, es otra clase de personaje, sólo que más divertido. Además de aparentar que siempre está un poco “chispa”, tiene cara de simpático muñeco de guiñol. No se ve que sepa bien por donde va, pero sabe asesorarse. Una toma falsa, exhibida en televisión, lo retrata. Estaba hablando de la riqueza del patrimonio cultural barcelonés, cuando recurrió a las Reales Atarazanas, y al dudar de su origen y estilo, hizo ademán de cortar la imagen y preguntó: ¡Paco!... ¿les Atarassanes son gótiques, o son romániques?... Con estos mimbres se hacen en España los cestos.

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