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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Carillones (y II)

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 18 de septiembre de 2005, 08:20 h (CET)
Un reloj carillón poco conocido es el de la Iglesia de San Lorenzo del Escorial, en perfecto estado tras ser restaurado y servir para que el carillonista Pert Oldenbenving diera este verano un concierto-conferencia sobre arte holandés. Sobre el viejo carillón del Monasterio pesa la leyenda de que el fraile relojero encargado de su cuidado murió presa de melancolía, al quedar destruido por una gran tormenta.

Igual de mala suerte tuvo también el carillón de la Ermita colombiana de Santiago de Cali, sus feligreses estaban acostumbrados a escuchar devotamente el Ave María cuando fue robado hace unos años; afortunadamente, ya existe el proyecto de un nuevo carillón que ambientará la ciudad con sus melodías.

Pero será en Países Bajos donde la tradición de los carillones llega a su máxima presencia. En la ciudad de Gouda, próxima a Ámsterdam, el Carillón del Ayuntamiento sorprende a los turistas cada media hora al ser protagonista de un cuento musical escenificado. Es Malinas, antigua capital de Países Bajos, considerada ciudad de los carillones, pues ahí reside la Real Escuela de Carillón por donde pasan grandes carillonistas europeos. Se da la anécdota del escritor Victor Hugo quién llegado a la ciudad, pasó toda una noche sin dormir por culpa del Carillón de la torre y con su anillo de diamante escribió un poema sobre campanas que dejó grabado en la habitación del hotel. Otra ciudad belga que ha tenido tres carillones ha sido Nieeuwpoort. Su tradición se inicia en el siglo XVII, hacia 1880 instalaría su segundo reloj con 40 campanas, la más pequeña era SI con 20 centímetros de diámetro, la más grande RE# con metro y medio, lástima que fuera destruido en la I Guerra Mundial; ya sustituido en 1952, ha dado conciertos todos los miércoles de estío.

No pararía el carillón sonando el “Wilhelmus”, himno nacional holandés, cuando en 1787 un victorioso Guillermo V llegó a la ciudad de Schoonhoven. También la tradición campanil se instaló en la Torre Spassaya de Moscú hace 600 años, en el reloj carillón del Kremlin, que restaurado y sustituido en tres ocasiones, continúa ofreciendo música a mediodía y a medianoche. Entre sus melodías más famosas, ofreció La Internacional en 1919 y en 1996 los acordes musicales de la investidura de Boris Yeltsin.

Marchas fúnebres de Bach sonaron en 2004 en el carillón de la ciudad polaca de Gdansk en honor de Juan pablo II en sus funerales, con este concierto se recuperó la tradición de los tres carillones que hay en Polonia de los cuales sólo funcionan éste y el de la Iglesia de Santa Catalina.

En Japón hay un carillón en Yamaguchi donde se entona la melodía del “Riau, riau” pamplonica a todas horas, esto es así porque la ciudad está hermanada con Pamplona gracias a los viajes de San Francisco Javier al crear allí una de sus misiones. Situado en El Rincón de la Amistad tiene figuras que representan un encierro taurino. Otro carillón que une a Pamplona es el de la Iglesia de San Fermín de los Navarros en Madrid, donde se han celebrado este año con música, vino y chistorra los sanfermines. En Madrid, existen además el diseñado por Mingote donde hay figuras con movimiento del Madrid histórico, es el carillón Plus Ultra o el reloj carillón de La Almudena que sonó en 2003, en la última visita del Papa; pero quizá el más famoso es el de la Puerta del Sol, el carillón más escuchado y televisivo de Nochevieja al ritmo de las uvas.

Desde un día de San José de 1930 se escucha la Marcha de la Ciudad de Valencia en sus Fallas con un carillón de 7 campanas que pesa 16 toneladas.

El de Ciudad Real es en cambio el más joven y tiene en su haber, ser regalo de cumpleaños de la capital en el 750 aniversario de su Fundación y ser inaugurado por los Príncipes de Asturias. Tres figuras salen del que fuera el Viejo Ayuntamiento: Un Cervantes con pluma y tintero, un Don Quijote con espada desenvainada y libro de caballerías y un Sancho con jarra de vino y ristra de chorizos, figuras que hacen la delicia en la Plaza Mayor cuando el balcón se abre. Historias campanólogas y carillonistas.

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