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Los problemas sobre la Estación Orbital fortalecen la cooperación entre Rusia y EEUU

Andrei Kisliakov
Redacción
sábado, 17 de septiembre de 2005, 01:54 h (CET)
Los norteamericanos por fin han decidido sacar del estancamiento el programa de la Estación Espacial Internacional (ISS) y a la vez, si Dios quiere, sacudir toda la industria aeroespacial del Nuevo Mundo para proseguir con la exploración del espacio.

Hasta el último momento nada auguraba esos cambios. El 8 de septiembre, el carguero ruso "Soyuz" había partido a la ISS con 2,5 toneladas de cargamento. Era lo más necesario para mantener el funcionamiento de la ISS en régimen tripulado, pero en realidad, se necesita mucho más si se quiere que la ISS sea desde el punto de vista científico y tecnológico un verdadero baluarte de la Humanidad en el espacio circunterrestre.

Mientras, ya van casi tres años que Rusia mantiene ella sola el complejo orbital, y por esa razón se ve obligada a sacrificar sus programas científicos y contener el desarrollo de la ISS. Cabe recordar que la estación orbital había sido diseñada especialmente para recibir a los transbordadores espaciales norteamericanos (Programa "Space Shuttle"). Vienen a la mente las palabras del almirante británico Nelson pronunciadas en un momento desfavorable: "Hoy tienen mala suerte nuestras naves..."

Si el término "suerte" es aplicable a sofisticados medios técnicos, entonces los "shuttle" evidentemente tienen mala suerte. Tal parece que el programa de modernización de los transbordadores espaciales, labor que había requerido de la NASA enormes esfuerzos creativos, ha funcionado sólo a la mitad: el reciente vuelo del "Discovery", que por sus características energéticas supera diez veces la nave de carga rusa "Progress", ha mostrado que los problemas con el aislamiento térmico en los "shuttle" siguen en pie. Por ello, la NASA ha decidido suspender los vuelos hasta la primavera del próximo año. Pero ahora, la primavera también está en duda porque el huracán "Katrina" ha cambiado los planes tras haber castigado la planta de Michoud, próxima a Nueva Orleans, donde se ensamblan los tanques de combustible externos de los transbordadores.

Así las cosas, la estación orbital puede convertirse en una obra de nunca acabar, que finalmente se precipitará al mar. La única huella que dejaría en este caso sería la mutua desilusión e irritación por las astronómicas sumas malgastadas.

En cuanto al transbordador veterano ruso "Progress", está dispuesto junto con las naves tripuladas "Soyuz" seguir transportando cargamentos y tripulaciones ruso-norteamericanas. Pero el problema radica en la catastrófica escasez de medios presupuestarios para construir una cantidad suficiente de naves de carga.

Los estadounidenses por fin han razonado sensata y pragmáticamente, tal como se hace en los negocios. O sea, si no es posible solucionar el problema del aislamiento térmico, se debe "atacar" el Congreso. El 7 de septiembre, la Asociación de empresas de la industria aeroespacial de EE UU apoyó el llamamiento de la Administración Bush al Congreso: eliminar las barreras que entorpecen la cooperación con Rusia en el marco del programa de la Estación Espacial Internacional. El vicepresidente de la Asociación, J.P. Stevens, había manifestado que las compañías norteamericanas de cohetería espacial estaban totalmente de acuerdo con la opinión de la Casa Blanca sobre la necesidad de modificar la Ley de No Proliferación en Irán. Ese documento, aprobado en 2000, prohíbe a la NASA efectuar pagos a "Roskosmos" (Agencia Federal Espacial de Rusia) en el marco del proyecto de la ISS hasta que el jefe de la Casa Blanca le asegure al Congreso que ningunas tecnologías coheteriles de Rusia llegan a parar en Irán.

A finales de junio, el director de la NASA, Michael Griffin, y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, habían solicitado al Congreso introducir la respectiva enmienda a esa ley. Ha sido un paso algo tardío pero muy acertado en esa situación. Porque después que "Soyuz" lleve en otoño a los miembros de 12ª expedición a la ISS y los traiga a la Tierra en primavera de 2006, Rusia cumplirá con todos sus compromisos de ofrecer a los socios medios de transporte para el mantenimiento del complejo orbital. A partir de ese momento, los astronautas norteamericanos tendrán que reservarse plazas en las naves rusas pagando dinero u ofreciendo a cambio otros servicios. Es importante señalar que las naves "Soyuz" que atracan por seis meses a la ISS se utilizan no sólo para transportar a los miembros de las tripulaciones, sino también para traerlos a la Tierra en caso de emergencia.

El Congreso ya se ha mostrado dispuesto a acceder a los deseos de la Administración Bush, y si aprueba las respectivas enmiendas, se puede esperar que vuelva a cobrar impulso el desarrollo del primer programa internacional de vuelos tripulados.

Las compañías estadounidenses que ejecutan contratas de la NASA están interesadas en una ley aparte que permita a los dos países desarrollar una colaboración más amplia en el dominio espacial. Sabido es que las corporaciones "Lockheed Martin" y "Kistler Aerospace", por ejemplo, aprovechan desde hace tiempo en sus productos componentes fabricados en Rusia.

De hecho, la Estación Espacial Internacional va eliminando los problemas que han estado afectando la cooperación ruso-norteamericana en materia espacial.

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Andrei Kisliakov es analista de RIA "Novosti".

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