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Etiquetas:   La tronera   Menores   Infancia   Abusos   -   Sección:   Opinión

Abuso de menores y desprecio a la infancia

Ha sido algo así como un abuso consentido porque los padres no han levantado la voz hasta ahora
Jesús  Salamanca
sábado, 11 de noviembre de 2017, 10:12 h (CET)
No me cansaré de repetir que el adoctrinamiento infantil es de lo más grave que hemos presenciado en los últimos tiempos en Cataluña dentro del sistema educativo. No deja de ser un tema de corrupción como otros que surgen en el día a día en las filas de “Puchimón“, -- que es como se conoce de forma jocosa a Carles Puigdemont-- hasta el punto de que los “alcaldes del palo en mano” pensaban pagarse el viaje a Bruselas a costa del Erario Público, pero gracias a Montoro se lo van a tener que pagar de su bolsillo. También tendrán que explicar qué hacían 57.000€ de dinero público en cuentas opacas, fuera del control estatal y lejos de los tentáculos de la Hacienda Pública. Parece ser que todo estaba planificado desde hacía tiempo, con lo que el delito lo es doblemente por el mero hecho de haber premeditación, alevosía y un fuerte caudal de mala fe.

Llegados a ese punto, la banda de “Puchimón” tendrá que rascarse el bolsillo y apoquinar cada vicio que se pague en Bruselas: desde los simples hoteles de estrellas múltiples hasta los cubatas a discreción, al más puro estilo nórdico-cutre. No solo incurren en el adoctrinamiento infantil y juvenil sino que tienen todos los vicios cercanos y lejanos: lo mismo les da planchar huevos que freír corbatas.

No hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido –decía R. Tagore– y entre la prole de “Puchimón” sobran paranoicos desnortados, fanáticos entusiasmados, gaznápiros preocupados y mediocres esculpidos. Todas esas “castas” nos han hecho perder el tiempo, mucho tiempo, y no podemos seguir matando el tiempo sin herir la eternidad: sabias palabras de Thoreau que confirman la necesidad urgente de aprovechar cada instante de nuestras vidas y de nuestras vivencias.

Precisamente la cuestión del adoctrinamiento infantil y juvenil en Cataluña es lo que más nos llama la atención a los docentes, por ser algo inusual y despreciable, pero ese tipo de gente siempre cae en lo más cutre, despreciable y miserable. Quienes así actúan demuestran una falta de profesionalidad que debe ser cortada de inmediato por el MECD; es más, debió cortarse hace años cuando ya se sabía que eso estaba sucediendo. No me digan que no merecen esos calificativos quienes ponen en medio de la carretera a cinco niños y niñas de educación infantil para parar el tráfico; hay padres que no tienen perdón ni sentido común. Y llegado a ese extremo, si no actúa ya el defensor del menor es que algo muy grave pasa en este país, donde la Justicia tampoco está quedando en buen lugar.

Nadie entiende que se haya permitido el abuso de menores y el desprecio a la infancia por parte de directores y profesores proindependentistas. Ha sido algo así como un abuso consentido porque los padres no han levantado la voz hasta ahora. Decía James R. Lowell que “La democracia otorga a cada uno de los hombres el derecho a ser opresor de sí mismo”.

Para sorpresa de muchos, nos encontramos con que hasta en el Congreso de los Diputados se considera adecuado lo que se está haciendo en las escuelas catalanas. Y más sorprendente aún es que desde el PSOE se ‘bendiga’ eso, por lo que no tardando lo pagará la formación del “señor NO”. ¿Y qué decir del PP al respecto? Pues que el señor ministro de educación y cosas varias no quiere meterse en charcos de difícil salida, llegando a justificar lo injustificable; solo le falta decir que todas esas actuaciones con niños y niñas es tan solo una broma sin importancia, con la intención de alcanzar un posible diálogo con el Gobierno central. Lo he visto gaznápiros y los sigo viendo.

Si reprimir a los niños y niñas, represaliar a quienes no piensan igual, ridiculizar a quien se manifiesta libremente y ‘ejecutar’ a algunos padres por el hecho de pertenecer a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado es consentible, mejor pensar en otras cosas y dedicarse a otros menesteres. Solía repetir Plauto que mal hombre es aquel que sabe recibir un beneficio y no sabe devolverlo. Pues eso.
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