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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Religión de consumo

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
miércoles, 14 de septiembre de 2005, 23:38 h (CET)
Coincidiendo con la visita del papa Benedicto XVI a Colonia y el énfasis que ha manifestado para evitar que las religiones se conviertan en productos de consumo, sería interesante recordar las palabras de Sandhan Singh: "Un día me encontraba sentado en la orilla de un río. Introduje la mano dentro del agua para coger un guijarro y lo rompí.Por dentro estaba seco. Esta piedra había permanecido durante mucho tiempo dentro del río y en cambio el agua no había entrado en su interior. Luego pensé que a los europeos les pasaba lo mismo. Durante siglos han permanecido sumergidos en el cristianismo, pero éste no se ha introducido en ellos, no convive con ellos".

Nos hemos de preguntar por qué el cristianismo no se ha introducido en los corazones de los europeos que se consideran cristianos. En parte, pienso que la respuesta se puede encontrar en el ambiente en el que Benedicto XVI ha pronunciado su reprensión. Ante una multitud de jóvenes, es muy probable que procedentes de los movimientos ultraconservadores de la Iglesia católica. Con este auditorio afín, encorsetado en un catolicismo arcaico por su adhesión a unas tradiciones vetustas, no nos ha de extrañar que las palabras papales se hayan recibido con aplausos y vivas al papa. La iglesia de las masas a la que nos hemos acostumbrado durante los últimos años no es la solución a la religión convertida en producto de consumo. Según el obispo auxiliar de Oviedo, "a la Iglesia le sobran rituales superfluos y tradiciones obsoletas". Esto es uno de los grandes problemas del catolicismo en concreto y del cristianismo en general, que es la religión que a nosotros verdaderamente nos interesa.

El papa Benedicto XVI durante su permanencia en su Alemania natal se ha referido a la participación frecuente de la Eucaristía y a la conveniencia de recuperar la confesión auricular previa, practica últimamente muy olvidada. En este sentido sería muy útil examinar lo que el apóstol Pablo dice respecto al espíritu con que se debe participar al memorial instituido por Jesús para evitar que el cristianismo que se profesa no se convierta en una religión "hecha a la medida de cada uno y que al final no nos ayude. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte".

Nos encontramos reunidos en el interior de una iglesia cristiana, católica, protestante, ortodoxa, da lo mismo. En el momento de celebrar la Eucaristía, en caso de ser una iglesia católica, los fieles sólo pueden participar del pan, salvo excepciones, los laicos no pueden participar del vino. Para empezar sería conveniente reparar este error. Supongamos que se ha corregido el olvido y que los dos elementos: pan y vino, símbolos del cuerpo y de la sangre de Cristo están presentes en la celebración y a disposición de los fieles. Antes de comer el pan y beber la copa es apóstol da este aviso: "De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí" (I Corintios,11:27-29).

La Eucaristía es el corazón del culto católico. Es del dominio público que los fieles, muchos de los cuales son "creyentes no practicantes", participan en ella muy a la ligera. Si se quiere conseguir que el cristianismo deje de ser una religión de consumo, sacerdotes, popes y pastores tendrían que recordar a los fieles, antes de participar de los elementos pan y vino que representan el cuerpo de Jesús inmolado para la salvación del pueblo de Dios, la responsabilidad que contraen al ingerir los elementos que forman parte del memorial instituido por Jesús. A estas multitudes que han transformado el cristianismo en una religión de consumo que brinda respetabilidad social, si se las confronta con las exigencias del Evangelio harán lo mismo que las masas que seguían a Jesús: lo abandonaron porque no querían acepar las exigencias de su doctrina. Cuando se quedaron solos Jesús y sus discípulos, les pregunta: "¿Queréis acaso iros también vosotros?" El impulsivo Pedro se anticipa a sus compañeros y les responde: "Señor, ¿a quién iremos? Tu tienes palabras de vida eterna…"(Juan,6:60-71). Predicar las exigencias del Evangelio es el cedazo que sirve para cribar a la iglesia. Sólo permanecen los que en verdad son pueblo de Dios que busca las palabras de vida eterna que ofrece Jesús. Predicar la pureza del Evangelio es la manera más sencilla y eficaz de hacer que el cristianismo deje de ser una religión de consumo.

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