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Etiquetas:   La Cosa Pública   -   Sección:   Opinión

Conferencias y conferenciantes

Ekain Rico
Álvaro Peña
miércoles, 14 de septiembre de 2005, 23:38 h (CET)
Es curioso ver cómo a éstas alturas de la partida, el señor Rajoy aún no ha aprendido que los españoles somos, por lo general, inteligentes.

Si a finales del curso pasado nos despedíamos con la esperanza de que las vacaciones le permitieran reflexionar, hoy es el día en el que la realidad, además de superar a la ficción, nos demuestra nuestra ingenuidad.

El líder –indiscutiblemente discutido– del Partido Popular, ha dejado a más de uno boquiabierto con las críticas de peso que ha formulado en contra del proyecto de reforma de la sanidad. A saber: Primero, que se presentó a las dos de la tarde a los presidentes de autonomías reunidos en la Conferencia; segundo, que por culpa de ese retraso se hizo esperar al rey.

No cabe duda de la puntualidad británica de la que el señor Rajoy debe disfrutar, pero, más allá de ese punto, qué clase de calado tienen tales acusaciones.

Claro está que, quizá, el señor presidente del PP, no quería que a sus presidentes autonómicos se les enfriara la comida o que llegaran tarde a casa ya que, como por todos es sabido, eso no es de gente bien.

¡Mira que es fácil criticar proyectos tan amplios! Siempre, uno, puede recurrir al conocido «más allá de buenas palabras no hay una habilitación presupuestaria correcta», que siempre puede sacarte de un apuro; o al no menos de moda «el señor Zapatero quiere dilapidar los logros (ejem) conseguidos en ocho años de maravilloso gobierno popular». Pues nada. Rajoy ya ni se esfuerza. ¿Acaso ha perdido las esperanzas?

No sé quién le escribe los discursos al líder de la oposición, pero lo que está claro es que no tendría precio como guionista en una película de los Hermanos Marx.

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