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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Efemérides: 11 de septiembre

Daniel Tercero García
Daniel Tercero
miércoles, 14 de septiembre de 2005, 01:03 h (CET)
Hay días en los que no ocurre nada. Hay días en los que no se celebra nada, no hay fiesta local en ninguna población, ni hecho a recordar que valga la pena. Aunque de todo esto no estoy seguro, la sensación sí es esa y creo que no soy el único que tengo esta sensación. Sin embargo, hay días en los que se celebran una gran cantidad de acontecimientos y se conmemoran hechos del pasado.

Hace dos días, 11 de septiembre, fue uno de estos últimos días. El 11 de septiembre se ha convertido en la memoria de nuestros contemporáneos estadounidenses en la fecha del inicio del miedo a ser atacados en su propia tierra. Nunca antes de aquél día de 2001, en suelo estadounidense, se había atrevido alguien a descargar tal cantidad de furia y violencia concentrada de tal manera que, estoy seguro, marcará un antes y un después en el estudio de la historia actual. Sí es cierto, no obstante, que EE.UU. ya había sufrido ataques terroristas –alguno en las mismas torres gemelas neoyorquinas-, pero no de este calibre. A esto cabe añadir que ya en 2001 estábamos inmersos en la cultura de las comunicaciones y la globalización (no necesariamente mala), lo cual permitió que los derrumbes de parte del complejo del World Trade Center neoyorquino se retransmitieran, en directo, por todas las televisiones, radios y webs del mundo entero. La visión, en directo, reflejando la impotencia de miles de personas que fallecían en ese mismo instante, y de millones que contemplábamos cómo se derrumbaban no sólo dos torres sino que también un símbolo para la cultura occidental, no puede dejar indiferente a nadie y menos aún borrar las imágenes de su retina. Imágenes en la retina que añadían a las retransmisiones posteriores de otros puntos del suelo estadounidense que también estaban siendo atacados. Fecha, evidentemente, a recordar.

Pero decía que el 11 de septiembre es una fecha de muchos recuerdos. Casi treinta años antes de 2001, en 1973, en Chile, se producía un golpe de Estado encabezado por un general (que no estaba sólo, le acompañaban Merino y Mendoza, entre otros muchos), hasta entonces no relevante en la escena internacional. Augusto Pinochet dirigió un ataque al gobierno que presidía Salvador Allende. El golpe triunfó y el general se convirtió en representante máximo de Chile. Aquél 11 de septiembre Allende se vio asaltado por uno de los militares con más responsabilidades del gobierno, hecho que suele ocurrir en la mayoría de los golpes militares, y murió en el intento de mantenerse al frente del gobierno formado tras las elecciones democráticas. Los rebeldes cercaron el Palacio de la Moneda, donde se encontraba Allende con un reducido grupo de fieles, y finalmente lo asaltaron dando muerte al presidente. Felizmente, Chile cuenta hoy con una democracia parlamentaria, pero aquél 11 de septiembre de 1973 es una fecha que, evidentemente, cabe recordar.

Tan sólo en los últimos cien años el 11 de septiembre supone recordar, además de los ya citados acontecimientos, una epidemia de cólera en los Balcanes con más de mil muertos en 1913. La creación, en 1940, de un tribunal especial en España para la represión de los masones y comunistas. La participación de un millón de personas en la Diada de Cataluña de 1977 reclamando la reinstauración de las instituciones regionales. O la muerte de dos mil personas debido a las consecuencias de las tormentas monzónicas en la India y Pakistán. No hace falta echar la vista más allá de cien años para comprobar cómo la fecha del 11 de septiembre es, sin duda, una de las que mayor número y más destacadas efemérides conlleva.

Aun así, hay otro 11 de septiembre que debemos recordar (sobre todo los españoles), aunque no esté de acuerdo en que debamos conmemorarlo, reivindicarlo y celebrarlo. Es, como no, el de 1714. Fecha en la que tuvo lugar la victoria de las tropas partidarias de Felipe de Anjou frente a las tropas del archiduque Carlos para alzarse con la corona de España, que se llevó a cabo en Barcelona. Es decir, no fue más –ni menos- que una batalla en el marco de una Guerra Civil que ahora –desde la Renaixença catalana- se vende como una guerra entre Cataluña y España. Sí se debe recordar, pero no creo que se deba celebrar, y menos aún conmemorar. ¿Acaso conmemoramos las batallas llevadas a cabo durante la Guerra Civil del siglo XX o, simplemente, las recordamos para que no vuelvan a ocurrir?

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