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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Memoria histórica (I)

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
martes, 13 de septiembre de 2005, 01:09 h (CET)
La guerra civil sepultada

- “He aquí a la Muerte, la gran niveladora. Ya cadáveres, del suelo todos levantamos lo mismo.” Anónimo pie de fotografía de una revista ilustrada de la época en la que se observan varios cadáveres de españoles civiles tendidos en el suelo tras su fusilamiento).
- “El Ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y lo echó todo en el gran lagar del furor de Dios. Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad, y brotó sangre del lagar hasta la altura de los frenos de los caballos en una grandiosa extensión.” (Apocalipsis, 14-16)

“Los oficiales se enfrentan unos con otros. Ha advertido manos que se dirigen a las pistolas. Grita con energía.-¡Los fusiles saldrán porque lo mando yo! ¡Soy el jefe de este cuartel! ¿Lo entienden? ¡Ustedes están amotinados!... Ve el cañón de la pistola dirigido hacia él y oye las detonaciones. Se le nublan los ojos y se derrumba. Suenan aún varios disparos más. Amortiguado, oye el ruido de las botas militares pisando sobre el pavimento y más gritos y disparos. Con brusquedad, oscurece.” (Tres días de julio, L. Romero. Ed. Ariel, Barcelona, 1967)
Los años treinta del siglo pasado, fueron desenlace del nudo histórico español que se rompió en el sangriento conflicto de la Guerra Civil (1936-39). Cabalgando los jinetes apocalípticos, el drama humano que se desencadenó sobre toda las tierras de España –sin excepción-, supera con creces el resto de consideraciones bajo cuyos prismas se ha vertido, según los eruditos, la más copiosa bibliografía acerca de una lucha armada en cualquier otro lugar del mundo. Esta columna, que gusta del aire limpio serrano, no es partidaria de indagar acerca de partidismos ni aclaraciones históricas. Solo aconseja leer y reflexionar acerca del drama humano que se escribió con tinta de sangre en esa época aciaga. El denominador común es la muerte, la herida, la mutilación, el sufrimiento y el desconsuelo humanos consecuencia de aquel conflicto.

El factor humano, único protagonista digno de ser respetuosamente tenido en cuenta, se desliza sobre la horrible mutilación de hombres y patrimonio que padeció España con aquella guerra; La enorme pérdida de vidas e inteligencias que costó, observa Hugh Thomas (La guerra civil española, p. 90. Ed. Ruedo Ibérico. París, 1967). Los “nuestros” en esta guerra, tenían significados diametralmente opuestos. Lo que era vida, y gloriosa victoria, para unos, suponía la muerte y la humillante derrota para otros. En un modo u otro, toda aquella generación de españoles, adultos, niños y ancianos, fue afectada. Pocos escaparon de algún cercano zarpazo. En una contienda civil de magnitud como la que sacudió a este país entre 1936 y 1939, nadie pudo eludir un punto de protagonismo. Todos tuvieron su oportunidad, o “momento”, y a la vez necesidad, de definirse acerca de sus simpatías sobre uno u otro lado. Fue una interpretación voluntaria y trágicamente maniquea, entre “buenos y malos”. Quienes eran buenos para unos, eran malos para otros y viceversa, el caso era lidiar una situación explosiva en la que las causas desencadenantes se asociaron para permitir, a cada cual, la seguridad de que sus propias ideas eran las correctas.

El conjunto de las nutridas formas de morir está contenido en la bibliografía acumulada durante aquellos años y los inmediatos, antes de que fuera negocio, o moda, escribir sobre el tema. Lo que pasó en la Guerra de España... tuvo miles de testimonios. Ricardo de la Cierva, como historiador científico, ha señalado cien libros básicos sobre la guerra de España (Cien libros básicos de la guerra de España, Publicaciones españolas. Madrid, 1966), para informarse de lo que ella supuso. Seguro que cada lector podrá aportar nuevos retazos dramáticos de su propio y cercano conocimiento. Son excepcionales las familias españolas –en el país, o llevadas al extranjero por el viento de la misma guerra-, que no tengan entre sus recuerdos más íntimos, el papel que jugaron en aquel memorable fratricidio.

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