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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

Aniversario

Jordi Martínez Aznar

martes, 13 de septiembre de 2005, 01:09 h (CET)
Desde que Estados Unidos fueran atacados dentro de sus propias fronteras, aquel país debería ser, al menos en teoría, un lugar más seguro. Sus nuevas medidas de seguridad tendrían que garantizar que ya no vuelva a pasar nada parecido.

Pero ningún sistema es infalible, antes o después de un ataque. Sólo hay que girar la vista a los hechos ocurridos hace cuatro años para darse cuenta que ni el mejor sistema de seguridad, en posesión del país más poderoso del mundo, puede evitar una desgracia de esa magnitud.

Unos meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el director de documentales Michael Moore estrenó en los cines su “Fahrenheit 9/11”. En este documental, para aquellos que no lo hayan visto todavía, se muestra cómo, en los meses anteriores, el presidente Bush recibió varios informes de seguridad a los que no hizo el menor caso.

Pero quizás la culpa no es toda del presidente, ya que los servicios de inteligencia se empeñan en poner unos títulos a sus informes un poco difíciles de entender. Este es el caso de uno de los informes, de título, según dijo en su día Condolezza Rice, “Bin Laden dispuesto a atacar el interior de Estados Unidos”.

También se nos enseña cómo el señor Bush redujo los fondos para la lucha antiterrorista algunos meses antes de los ataques, reduciendo de esta manera la capacidad de reacción de aquellos que se encargaban de proteger a su país de cualquier amenaza, ya sea exterior o interior.

Durante los meses siguientes tuve la oportunidad de leer varios artículos publicados en diversos medios escritos y que hacían referencia a estos ataques. Según estos artículos, altos cargos de los servicios de seguridad e inteligencia, desoyeron repetidamente informes que alertaban de movimientos poco habituales de determinadas personas. Movimientos como, por ejemplo, el asistir a clases de aviación.

Desgraciadamente, todos estos informes no fueron atendidos hasta después de los ataques. Claro que, con la perspectiva del tiempo, todo encaja, pero una de las obligaciones de los centros de defensa e información es comprobar todos los datos que reciban y manejen para, de esta manera, evitar cosas así. En demasiadas ocasiones, las vidas de muchas personas dependen de que este tipo de información se maneje de manera responsable.

Otro dato curioso que se supo más tarde es el hecho de que varias decenas de miembros de la familia de Osama Bin Laden, quien fuera a la sazón responsable intelectual de los atentados, pudieron salir del país en los días siguientes a los atentados. Todas estas personas no solamente no tuvieron ningún problema para poder salir, sino que además les dieron todas las facilidades para hacerlo.

Aquí, la pregunta sería: ¿Por qué a estas personas no se les puso ningún impedimento para poder abandonar las fronteras norteamericanas al mismo tiempo que varios miles de personas se veían obligadas a quedarse en tierra a lo largo y ancho de varias decenas de ciudades?

¿A qué vino tanta prisa en sacar a todas estas personas del país? De acuerdo que no quisieran causarles ningún problema, pero el resto de gente que aquel día quisieron coger un avión tampoco quería ningún problema y a los que tantas cancelaciones seguro que les causaron y muchos. Tal y como suele decirse: o todos moros o todos cristianos.

Luego vinieron las normas que tienen que ver con la seguridad en los aviones. En unos determinados casos, se ha ido un poco lejos a la hora de cumplir con estas normas, como por ejemplo el hecho de detener a varias personas por hacer alguna broma al respecto de llevar alguna bomba en alguna de sus maletas.

Por culpa de estas normas han ocurrido casos como el de la madre que un día tuvo que coger un avión junto con su hijo de pocos meses. Entre su equipaje llevaba un biberón con leche materna. Pues bien, tuvo que beberse la mitad de la leche por orden de un miembro de los cuerpos de seguridad de un determinado aeropuerto porque, al parecer, era algo “sospechoso”.

Por otra parte, un terrorista podría haber detonado unos meses antes una bomba en el caso de poder haber encendido la mecha de la citada bomba, pero, sin embargo, se dejó que los pasajeros pudieran llevar mecheros y cerillas.¿Por qué? Muy sencillo: mucha gente que viaja en avión tiene el vicio de fumar, y claro, no hay que privar de un vicio a un cliente.

Pero todo esto ha servido y servirá, al menos para el gabinete del señor Bush, para llevar la paz y la democracia a todo el mundo, principalmente a la zona de Irak. Es posible que algún día lo consigan matando a los posibles terroristas de un ataque de risa mientras ven cómo atosigan a los pasajeros inocentes que cada día cogen un avión para irse de vacaciones o ver a aquel pariente lejano que hace tiempo que no ven mientras que ellos seguirán yendo de un lado para otro, pasando por delante de las autoridades sin que éstas puedan hacer nada por evitarlo.

Aunque en este punto vendría otra pregunta. Llámenme conspiranoico, pero estas cosas, ¿no pueden evitarlas o no quieren evitarlas? Quiero decir, ¿hacen realmente lo que pueden? ¿Todo el dinero que destinan a seguridad no les permitió ver que algo así podía pasar? ¿De qué les sirvió ser el país más poderoso del mundo? ¿Cuántos jornadas más como el propio 11 de septiembre en Nueva York, como la del 11 de marzo en Madrid o la del 7 de julio en Londres nos tocará vivir? Por todos nosotros, espero que ninguna.

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