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Bonn y Moscú en 1955: Un sentimiento de atracción y desconfianza

Boris Kaymakov
Redacción
martes, 13 de septiembre de 2005, 01:09 h (CET)
En un rincon apacible de la vieja Moscu, metido en un edificio humilde cerca de la plaza Smolenskaya, se encuentra el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Abres una carpeta y tienes en tus manos copias de documentos que llevan las marcas de Stalin, Beria, Khruschev, Molotov y Bulganin, versiones taquigráficas de las negociaciones, memos e informes analíticos escritos por los diplomáticos. No he conseguido averiguar quién de los altos cargos soviéticos fue el primero en plantear el restablecimiento de las relaciones con Alemania pero es evidente que la diplomacia rusa se dedicó a esta tarea con mucho interés. Los papeles se estaban preparando con gran respeto hacia la contraparte de las futuras conversaciones, y ya en aquellas fechas la URSS declaraba abiertamente, por boca de sus dirigentes, que necesitaba ver a una Alemania unida y fuerte, desde la cual no emanase un peligro para su seguridad y con la que Moscú quería tener las más estrechas relaciones estatales, económicas y culturales.

Era más que una linea política marcada por la cúpula del Estado: coincidía con la opinión mayoritaria del pueblo soviético, cosa que no siempre sucede. En los archivos de la cancillería hay muchos testimonios al respecto. He aquí una carta enviada por un tal Artemkin al Comité Central del Partido Comunista de la URSS:

"Tened mucho ojo, sobre todo ahora que se esta resolviendo el tema de Alemania. Desde luego, somos los vencedores y hay que recordarselo a Adenauer. Hace falta firmar un tratado pero restringirles a los alemanes en su poderio belico. No olvideis que Alemania ha atacado a nuestra Patria de forma perfida en mas de una ocasión. Os deseo exito en vuestras negociaciones. S. Artemkin. Moscu, E-I22, calle 5? Parkovaya, edificio 15, "Albergue".

Un moscovita que vive en un albergue cree que es su deber plantear esa cuestion ante los maximos dirigentes del Estado y su postura coincide totalmente con la que defiende el Ministerio de Exteriores sovietico, la de "firmar el tratado pero limitar el potencial belico de los alemanes".
El precio que la URSS habia pagado por la victoria sobre el nazismo era demasiado caro. Y lo entendian muy bien los diplomaticos rusos de aquella epoca a la hora de definir, cuando inauguraban en 1955 un nuevo capitulo de las relaciones ruso-alemanas, el vector de su desarrollo que sigue siendo incuestionable hasta el momento.

Anna Hoppe escribe a Bulganin
Al invitarle al canciller Adenauer a Moscu para acordar el establecimiento de las relaciones diplomaticas, el Kremlin se daba cuenta que aquel iba a insistir en la repatriacion de los prisioneros de guerra alemanes, algo que todo el mundo le venia exigiendo, empezando con los lideres de partidos politicos y terminando con los ciudadanos de a pie. A continuacion, se reproduce una carta enviada desde Alemania a los dirigentes de la URSS:

"A la atencion del Excmo. Sr. Mariscal Bulganin, Moscu. Su Excelencia,
Confiando en Su bondad y la comprension de lo que siente una madre vieja, le ruego un indulto para mi hijo. Mi hijo fue tomado prisionero en 1945 y sentenciado en 1949 a veinticinco anos de trabajos forzados. En estos ultimos dias que me quedan le suplico que atienda esta peticion, la mas importante de mi vida. Indulte a mi hijo, por favor. Si me devuelve mi hijo, siempre le estare agradecida por Su infinita bondad. Sinceramente suya, Anna Hoppe".

Se sacaron quince copias de la carta para hacerla circular entre todos los dirigentes del Estado. La postura de la URSS a este respecto era inequivoca: no tenemos prisioneros sino criminales de guerra. Incluso en la segunda sesion de las negociaciones, el 10 de septiembre de 1955, la delegacion sovietica se resistia a debatir el tema de los prisioneros de guerra alemanes.

Nadie queria dar a torcer el brazo
El objetivo basico del proceso negociador para la URSS, evidentemente, era establecer con Alemania las relaciones diplomaticas. Lo cual es logico porque Alemania, a pesar de que su politica obedecia totalmente a las instrucciones de Washington, iba adquiriendo cada vez mas protagonismo en Europa. El crecimiento economico de Alemania era impresionante, asi que Moscu miraba hacia la industria alemana con los ojos de siempre: queremos vuestros equipos a cambio de las materias primas. El establecimiento de las relaciones diplomaticas con Bonn, cuando ya existia la RDA, podria ser para Moscu y Berlin una base para la ulterior legitimacion de la Alemania del Este en el escenario internacional. Los prisioneros de guerra, por tanto, se transformaban en un lastre inaguantable para el canciller de Alemania, y en la mayor carta de triunfo para el Kremlin.

La posicion de Adenauer era ambigua. Por un lado, entendia que habia llegado la hora de impulsar un nuevo dialogo con Moscu pero al mismo tiempo procuraba comportarse de tal manera que su satisfaccion ante el futuro acercamiento con Rusia no fuera tan visible para EE.UU. Los prisioneros de guerra representaban el unico tema de las negociaciones que era competencia exclusiva de ambas partes, y encima afectaba los intereses de miles de alemanes. Toda Alemania cifraba sus expectativas en Adenauer, de modo que el se sentia obligado a regresar con una respuesta afirmativa de Moscu. Y el viejo canciller aleman lucho como un leon por obtenerla.

Sin duda alguna, Adenauer sabia perfectamente que le habia tocado ser protagonista de grandes acontecimientos, que las negociaciones tenian importancia historica y que en el futuro, siempre y cuando consiguiera un exito en Moscu, los sucesores sabrian apreciar su contribucion debidamente. Aun asi, no esta claro hasta la fecha si Adenauer era un gran maestro del bluff o simplemente un cabezota. El exigia que la historia de las relaciones se iniciase con la repatriacion de los prisioneros de guerra.

El Kremlin entendia muy bien la postura de Adenauer pero queria aprovecharla al maximo. Ambas partes aspiraban a establecer las relaciones diplomaticas pero cada cual defendia un esquema propio para la consecucion de tal objetivo. Sobre los lideres de ambos paises se estaba proyectando la sombra de la desconfianza reciproca y en mas de una ocasion el proceso negociador se vio atascado.

Dicen que han llegado a gritos
Khruschev y Adenauer llegaron a discutir en tono subido el uno con el otro, y ambos parecian dispuestos a dar un portazo. Pero lo del "portazo" era un argumento fingido por ambas partes, no consigo deshacerme de esa impresion. Era un bluff y, como suele suceder en estos casos, finalmente alguien tenia que admitir que atiende a las razones del oponente y esta dispuesto a aceptarlas. Es algo que practicamente se respira en el discurso histerico de Khruschev.

Adenauer era un hombre lo suficientemente listo como para captar, en el torrente de palabras emocionales e irritadas que emanaban del lider sovietico, lo que mas queria oir. Kruschev no habia perdido el control de si mismo. Estaba gritando, es cierto, pero sus palabras tenian un significado.

Ambos dirigentes, Kruschev y Adenauer, hacen buena pareja. Aun se resisten a prestar credito a las palabras del otro, todavia no ha llegado la epoca para que los mandatarios rusos y alemanes se den palmadas en el hombro y terminen las reuniones en la sauna rusa, en plan de amigos, pero la conversacion adquiere ya un caracter raro: parece una pelea de dos vecinos que se conocen intimamente. Es como si Kruschev fingiera mostrarle a su interlocutor la puerta hacia la calle y Adenauer, fingiendo levantarse ya, de repente se acordara de algo:

Kruschev: "Me gustaria terminar esas negociaciones, al igual que a mis colegas. Si no se quiere establecer las relaciones diplomaticas, podriamos evitar la perdida del tiempo, pues no le veo sentido a la conversacion..."

Reconozcamos el buen temple de Konrad Adenauer, quien simplemente puso a Kruschev en su lugar dando a entender que Moscu y Bonn no tienen otra alternativa.

Adenauer: "Quisiera responderle a ello. Esta ultima invitacion de buscarse otra audiencia no es muy cortes".

Kruschev: "Disculpe, no queria ofenderle y siento un gran respeto hacia Usted. Entendemos la inquietud y la preocupacion de los familiares, que es un sentimiento absolutamente logico, con respecto al futuro de las personas retenidas en la Union Sovietica".

¡Ahi esta! Es la hora de la verdad. Adenauer ha conseguido lo suyo. Kruschev empieza a hablar en un lenguaje normal, pues entiende perfectamente el interes politico y personal del canciller por la solucion de este problema. ?Cuanto ha cambiado el vocabulario, tan rigido y burocratico hasta entonces: "...Entendemos la inquietud y la preocupacion de los familiares con respecto al futuro de las personas retenidas en la Union Sovietica".

Kruschev se pasa de modesto cuando dice que no es un diplomatico. El es mas que eso, pues sabe perfectamente cuando es necesario decir cada cosa. Ya esta, el aleman y el ruso han logrado entenderse finalmente. Ahora es preciso resolver el problema sin perder la cara. Kruschev ya empieza a asegurarle a Adenauer que no habra engano alguno y que el canciller podra obtener lo que quiere.

Kruschev: "Ahi tiene mi palabra de caballero: todos los reclusos - Usted los llama prisioneros, y nosotros, criminales de guerra - seran liberados por amnistia, tal y como hemos acordado, o bien, entregados a vuestro Gobierno como delincuentes para que aquel, actuando a partir de vuestra conciencia y vuestras leyes, haga con ellos lo que estime conveniente".
Ya hacia mediados de noviembre de 1955, se repatriaron a Alemania 5.863 prisioneros de guerra. Rusia y Alemania abrieron una nueva pagina en la historia de sus relaciones en el siglo XX.

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Boris Kaymakov es comentarista de RIA "Novosti".

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