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Opinión
Etiquetas:   Un día menos  

Prohibido jugar a la pelota

Juan Antonio Hurtado
Redacción
martes, 13 de septiembre de 2005, 01:09 h (CET)
Hoy fui a un partido de fútbol, qué gran espectáculo. Cuando salía de las inmediaciones del campo de fútbol crucé por una pequeña plaza en la que me quede atónito al leer un cartel que colgaba de una farola donde podía ver un balón de fútbol tachado y un mensaje que decía: “Prohibido jugar a la pelota”. Me quedé perplejo al ver el cartel. Empecé a pensar mientras caminaba de vuelta a casa; pensaba en los jugadores que acaba de ver en el partido, muchos de ellos canteranos y que quizás de niños sí pudieron jugar en esa plaza al lado del estadio de fútbol y por eso ahora, por la permisividad de antaño y la protección que existía con los juegos de niños, esos jugadores permiten dar alegrías a millones de aficionados que se deleitan con su fútbol.

Me parece exagerado que prohíban jugar al fútbol en una plaza. ¿Cuál es entonces la finalidad de una plaza? Una plaza sirve para que los niños jueguen, esa es su mayor finalidad. Si prohíbes que en una plaza se juegue a fútbol estás negando la finalidad máxima con la que esa construcción fue creada. Es incluso de mal gusto la prohibición, sin sentido podríamos decir.

Pero bueno, aceptemos que las cosas funcionan así, que los tiempos cambian y que ya mismo tampoco se podrá fumar en los sitios públicos, y es entonces cuando yo me pregunto: ¿Por qué prohíben fumar en sitios públicos si la droga del tabaco está legalizada? Es un poco paradójico y lo mismo ocurre con esa plaza situada al lado del estadio de fútbol. El ser humano es tan estúpido que ha empezado a prohibir innumerables cosas simplemente por aburrimiento, sin pensar en las consecuencias y en si sería correcto o no. Eso a ellos no les importa nada. ¿Por qué no les importa? Pues porque las personas encargadas y que poseen el poder para prohibir o ilegalizar cosas son personas que no utilizan esas cosas que dentro de un minuto ilegalizarán, es decir, son personas monótonas y sin ningún atisbo de hedonismo, son personas que trabajan y viven para ello sin disfrutar de las cosas que proporcionan placer, de ese tiempo que deberían asignar al ocio.

Ya que están empezando a prohibir cosas se me ha ocurrido una idea brillante para que el coeficiente intelectual de nuestros hijos no sea similar al de un pez con alzehimer. La cuestión es la siguiente: Que al vender un televisor cualquiera en cualquier tienda, éste esté provisto de un gran cartel en el que diga “Prohibido jugar a la playstation”. Quizás así todos salimos ganando y ese tiempo que emplean los niños y que malgastan pueda ser empleado en jugar en una plaza en la que no haya ningún cartel que prohíba jugar al fútbol, pues siempre es mejor practicarlo y jugarlo en la calle, que en el salón de tu casa y con un joystick.

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