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Etiquetas:   Artículo opinión  

Rusia está volviendo a Kirguizia

Piotr Goncharov
Redacción
domingo, 11 de septiembre de 2005, 22:42 h (CET)
Rusia está volviendo a Kirguizia. La Administración Presidencial y el Gobierno de Rusia han desarrollado un documento que en el lenguaje habitual se da en llamar como Plan para el incremento de la influencia rusa en Kirguizia. El documento abarca todas las direcciones estratégicas de la cooperación bilateral, desde el terreno militar y de tecnologías bélicas y hasta el sector de la energía hídrica y otros ramos vitales para la economía kirguiza.

De acuerdo con el Plan, el grupo energético ruso RAO EES y la empresa Russky Aluminy deberán completar la construcción de las centrales hidroenergéticas Kambarat-1 y 2 y una planta productora del aluminio en el sur de Kirguizia, vinculada con el proyecto de Kambarat. El consorcio ruso Gazprom, a su vez, se encargará de la exploración y el desarrollo de nuevos yacimientos del gas natural en el territorio de este país centroasiático, así como promoverá la construcción de nuevas capacidades para el transporte del gas.

Es evidente que el Plan ha sido acordado con la parte kirguiza, en particular, durante la reciente visita del presidente Kurmanbek Bakiev a Moscú. Como vemos, Bishkek entrega la práctica totalidad de su industria energética a los grandes inversores rusos. El ramo metalúrgico y el sector del gas también serán controlados a corto plazo por los monopolios rusos, RusAl y Gazprom.

Los proyectos previstos en materia militar son menos impresionantes pero igual emblemáticos. Se contempla la modernización del sistema kirguiz de defensa antiaérea con la asistencia financiera de Rusia, el suministro de equipos y material bélico rusos - a precio de fábrica - para el Ejército de Aire kirguiz y la ampliación de la base aérea rusa en Kant.
En realidad, el plan no contiene proyectos novedosos sino más bien reanima una serie de ideas que Moscú ya tenía en el pasado, integrándolas en una estrategia clara. La novedad consiste en fechas concretas para su implementación: los años 2005-2007.

Es el mismo período de tres años que Kurmanbek Bakiev se ha marcado para revitalizar la economía de Kirguizia y adecuar el nivel de vida en esta república a normas más o menos aceptables.

Saliendo al encuentro del actual Gobierno kirguiz, Moscú decidió finalmente condonar la mitad de la deuda que Bishkek tiene con Rusia, pues las autoridades kirguizas aludían desde hace mucho tiempo que esperan de ella semejante "gesto de buena voluntad".

Paralelamente, Moscú pretende agilizar el procedimiento de admisión y simplificar el reglamento de la residencia para los inmigrantes laborales procedentes de Kirguizia, problema de importancia clave para la nación centroasiática porque la exportación de la mano de obra genera para el fisco ingresos considerablemente superiores a la cifra de más de US$100 millones al año que Estados Unidos paga por el uso del aeropuerto Manas como base aérea.

Todas estas medidas aprobadas por Moscú suponen que Bishkek dará una serie de pasos a su encuentro. Lo más probable es que Rusia, tarde o temprano, llamará la atención de Bishkek hacia el problema de la base norteamericana en Manas. Bakiev, cuando era aún presidente en funciones, estampó su firma en la Declaración del Grupo de Shanghai, la cual sugiere a EE.UU. definir el calendario de la retirada de sus bases desde el Asia Central. También es verdad que el secretario de Defensa norteamericano Donald Ramsfeld intentó más tarde desautorizar semejante licencia de Bishkek y acordó con su homólogo local Ismail Isakov, en el transcurso de una visita urgente a la capital de Kirguizia, que la base estadounidense en Manas podría permanecer hasta que la situación en Afganistán acabara por estabilizarse.

Una fecha tan imprecisa no puede ser satisfactoria para Moscú, siempre y cuando se haya propuesto realmente asegurar la vuelta de Rusia al Asia Central.

Con respecto a Kirguizia, esta vuelta podría ser exitosa. Debido a una serie de factores geopolíticos e históricos, Kirguizia ve en Rusia no sólo a un socio estratégico sino también a un garante de la seguridad nacional, integridad territorial, etcétera, aunque en mayor o menor grado eso es igualmente válido para los demás países centroasiáticos. Con todo, tampoco podemos olvidar que los mismos factores estaban presentes en la época del ex presidente Askar Akaev y que su influencia no fue suficiente a causa de una política mediocre en el plano económico y humanitario que Moscú había aplicado en relación con Kirguizia en los quince años anteriores. El resultado es que Moscú, según reconocen hoy los políticos y los empresarios kirguices, ha perdido totalmente el terreno a favor de Estados Unidos. No nos engañemos pensando que los kirguices siguen esperándola a Rusia con el mismo amor. Lo más probable, y es algo que también se reconoce en Moscú, es que Rusia tenga que recuperar las posiciones perdidas.

En vísperas de la reciente cumbre de la CEI, un alto funcionario del Kremlin reconoció que Rusia había cometido un "grave error" al descuidar la consolidación real de las estructuras comunitarias a principios de la década del 90. Como vemos, Moscú ha reconocido sus fallos y se empeña en enmendarlos ya.

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Piotr Goncharov es comentarista de RIA "Novosti".

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