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Opinión
Etiquetas:   Algo más que palabras  

Todos a multiplicar: caricia por caricia

Víctor Corcoba Herrero
Víctor Corcoba
sábado, 10 de septiembre de 2005, 22:26 h (CET)
Eso de vivir la vida que otros soñaron me gusta. Sobre todo el plural de Salinas, su efecto multiplicador de caricia por caricia, abrazo por volcán. Detrás de una existencia soñada coexisten pensamientos purificados por el tiempo. Porque el mundo es una abecedario de sensaciones con caminos diversos. Volver los ojos a lo que otros vivieron, para bien o para mal, tiene su lección de claridades para el momento actual. En lo humano poco hemos avanzado. Seguimos con el cuchillo de lenguas en alza y guardando las distancias. Ahí está la pavorosa esclavitud de brazos hipotecados, los faroles dispuestos al soborno, los vientos del maltrato a los indefensos y la compota de hieles jugando con las lágrimas.

En las tribunas, los fanáticos, discuten movidos por lo mismo de siempre, los encantos de don dinero y los bombones del poder para agenciarse servidores. Hemos convertido al atropello en algo normal cuando es una anormalidad que nos lleva a una injusticia de trampeos y lucros de difícil arreglo. Eso de pasar por encima de los débiles como feroces guerreros se ha vuelto costumbre y lo que es peor, en algunos casos, hasta ley. La ristra es un avispero de cuernos con rabo de toro. Por la terrible estepa de los días, al ruedo, el aire abrasa. No hay Cid que de un corte de mangas a la legión de prepotentes que se escudan en la superioridad. La dominación de arbitrariedades es un fiel espejo del diluvio de usuras. Los abusos (de autoridad, de confianza, de derecho, de posición dominante, sexuales…) se han convertido en el pan nuestro de cada día para desgracia de los que viven de los sueños.

Tal y como está el alma, como un esqueleto de cristales rotos e invadido por caballos desbocados, convendría generar otras transparencias y regenerar posturas. Mientras algunos desheredados de un porvenir de diamante buscan silencios en la almohada, las almenas de los ricos imponen su fiesta y pasan factura a los pobres. No se oye otra cosa que llantos o risotadas de venganza. Tan solo los diseñadores españoles han puesto una nota de rebeldía para la próxima primavera verano, con unos diseños amables y favorecedores en tonos alegres. Y es que, en el fondo, andamos menguados de luces. Por lo pronto, las faldas y vestidos mandan sobre los pantalones. Ya decía yo que la feminidad es un signo de esperanza y de distinción humana, frente al serial de perros que ladran.

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