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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   -   Sección:   Opinión

¿El Gobierno bordea el ridículo con el Art. 155?

“La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica y otra que practica y no predica” Bertrand Russell
Miguel Massanet
viernes, 10 de noviembre de 2017, 08:02 h (CET)
Es muy difícil desprenderse de viejos hábitos, descartar costumbres enraizadas o prescindir de rutinas largo tiempo practicadas. Nuestro gobierno del PP parece que en esto de actuar de una forma enérgica, de afrontar con seriedad retos nacionales o de saber mostrarse firme en momentos en los que la situación política del país así lo exige, es evidente que le resulta arduo de emprender, de tal manera que en muchas ocasiones es incapaz de evitar recaer en esta especie de miedo escénico que se apodera de él, cuando se ve precisado a tomar decisiones, que le suponen enfrentarse a la oposición o a parte de ella, prefiriendo templar gaitas, ceder posiciones o, en muchas ocasiones, ponerse de perfil prefiriendo aparecer como mojigato a verse obligado a bailar con la más fea, entendiendo como tal el afrontar, con valentía y cargado de razón, situaciones que pueden no ser bien entendidas por todos pero que, evidentemente, son necesarias para garantizar el futuro de la nación española y de todos sus ciudadanos.

Puede que, para algunos, la sibilina manera de actuar con la que don Mariano Rajoy nos obsequia en algunas ocasiones les pueda parecer la mejor; es posible que para aquellos a los que la cuestión del patriotismo les tenga sin cuidado o que el hecho de que España pudiera acabar troceada, como cerdo descuartizado en el matadero, les pudiera ser indiferente o que, incluso, prefirieran un gobierno de tipo dictatorial como el de Venezuela, debido a las ideas comunistas o ácratas de quienes, cualquier tipo de gobierno que no sea el que ellos tienen en mente, debe ser derrocado, aunque ello suponga condenar al país a la autodestrucción.

Es evidente que, en la huelga general que tuvo lugar ayer en Cataluña el día de ayer, no se ha visto por ninguna parte los efectos del tan cacareado 155 de la Constitución. No hemos podido observar diferencias importantes entre la forma de actuar de los mossos respecto al referendo ilegal del día uno de octubre pasado donde, contrariamente a lo esperado por todos los españoles, se produjo el gran caos en el que las policías nacionales y la Guardia civil se vieron abandonadas ( mejor traicionadas) por los mossos de escuadra catalanes que, no sólo permanecieron inactivos ante los que impunemente colocaron urnas, papeletas y permitieron que se votara, sino que los hubo que compadrearon con los insurrectos y se escaquearon del cumplimiento de su deber de llevar a cabo lo ordenado por la AN de Cataluña, en un flagrante acto de desobediencia a las órdenes recibidas de evitar que se abrieran los ilegalizados colegios electorales. En la huelga de ayer, los ciudadanos de Cataluña que acudían al trabajo, como cada día, se han encontrado con pequeños grupos de huelguistas, en ocasiones acompañados de niños, que cortaron todas las carreteras de acceso a ciudades como Barcelona, Gerona etc. con la particularidad de que, los mossos de escuadra que estaban presentes en el lugar, no sólo no han querido intervenir para permitir el paso sino que, en ocasiones, se han enfrentado con malas maneras a los airados ciudadanos que reclamaban su derecho a acudir a su puesto de trabajo.

La triste realidad es que. los autodenominados “Comités de defensa de la República” han sido los que se han hecho dueños del terreno, provocando el único resultado positivo para los huelguistas: un gran caos circulatorio en las entradas y salidas de las grandes ciudades catalanas. Comentario aparte merece el de los estudiantes que se han apoderado, impunemente, de la estación de trenes de alta velocidad en Girona y en la barriada de Sants, en Barcelona, ocupando las vías e impidiendo que los trenes AVE pudieran circular libremente, causando el natural perjuicio a todos los viajeros que debían viajar en ellos. Como en el caso de las carreteras, la intervención de los mossos fue simplemente presencial y no intervinieron hasta que fueron los propios estudiantes los que se retiraron voluntariamente del lugar.

Todo ello nos confirma que, la aplicación de este artículo constitucional ha tenido más de farol que de efectividad porque, en realidad, lo que se saca en limpio de esta aparente intervención de la autonomía catalana, se reduce a que, en lugar de ser el señor Puigdemont quien convocara las elecciones autonómicas para Cataluña, ha sido el Gobierno español el que ha tomado la decisión de hacerlo. Sin embargo, lo que no aparece nada claro es que, a pesar de la aparente confianza que el señor Rajoy manifiesta tener sobre un resultado favorable al grupo constitucionalista, en esta ocasión más bien se hace referencia a un deseo más que a una certeza. En todo caso, es evidente que existen muchas posibilidades de que puedan salir vencedores los separatistas. Aún en el supuesto de que vencieran el conjunto de partidos constitucionalistas, nadie puede afirmar que se pusieran de acuerdo para crear un gobierno de coalición o, al menos, que hubiera un compromiso para evitar aventuras separatistas del resto de los partidos.

¿Tiene el gobierno de Rajoy un plan B para el caso de que el grupo independentista sacara ventaja en las elecciones? Es evidente que, para cualquier español o catalán que se sienta español, unas elecciones autonómicas no implican ninguna opción a pedir la independencia, por la sencilla razón de que, cómo ha quedado evidenciado por el TC, es algo inconstitucional. No obstante, para cualquiera que conozca a los independentistas catalanes, resulta indiscutible que los grupos nacionalistas van a presentar estas elecciones como un test independentista, de modo que, en el caso de que sacasen, como pudiera suceder, más escaños que los no nacionalistas, ellos lo iban a presentar ante el resto de España y, lo que resulta más importante, ante el resto de las naciones, como la expresión de un nacionalismo avalado por una consulta legítima que, según su manera de pensar, los legitimaba para pedir la ansiada independencia, prescindiendo de que el resto de catalanes no quisieran que esta medida tuviera lugar. Mucho nos tememos que, en un caso semejante, la unidad que hasta ahora han mantenido los partidos constitucionalistas, pudiera verse resquebrajada por alguno de ellos, por ejemplo, los socialistas catalanes del señor Iceta, de conocida antipatía y rechazo al PP que, con toda seguridad, no rechazarían participar en un gobierno semejante a aquel tripartito presidido por el señor Montilla, si con ello conseguían aumentar su presencia en los órganos de gestión catalanes.

Hemos tenido que escuchar del señor ministro de Interior, señor Zoido que, para él y para el Gobierno, el comportamiento de los mossos de escuadra catalanes durante la huelga del día de ayer, fue “ejemplar”. No hemos sido capaces de encontrar, en la pasividad de los policías catalanes con respecto a los huelguistas que impidieron a los ciudadanos circular libremente por las carreteras de Cataluña, ninguna diferencia sustancial respecto a los que permitieron que se celebraran las elecciones del día 1 de octubre. Decir que nos sentimos decepcionados respecto al comportamiento del señor Rajoy y su gobierno en esta nueva ocasión en la que se ha puesto en duda la unidad de España, es decir poco. Aunque, tampoco podemos afirmar que nos haya sorprendido conociendo, por experiencia, la costumbre de este Ejecutivo de solucionar los temas cediendo, dando cuerda a quienes no les importa incumplir las leyes y condicionándolo todo a que no se les produzcan problemas en los que se vean necesitados de poner en juego sus posibilidades de continuar gobernando, aunque, para ello, deban de dejar en la reserva las promesas que les hicieron a quienes confiaron en ellos cuando los votaron.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, debemos reconocer que, en esta ocasión, estábamos convencidos de que el Gobierno estaba dispuesto a actuar con la energía que les veníamos pidiendo desde hace años ( hay que decir que sin ningún resultado); no obstante, mucho nos tememos que vamos a quedar decepcionados de nuevo y, lo que es peor, que es muy probable que con las componendas que ya estamos viendo venir, el problema catalán siga siendo el mismo con la particularidad de que puede que mejor organizado y, queramos reconocerlo o no, con un pie puesto en Europa, algo en lo que, si no nos equivocamos va a estar apoyado desde el mismo gobierno belga si es que llegara a permitir que en su país se pudiera crear un gobierno catalán en el exilio que, según parece, es la última de las ocurrencias del señor Puigdemont . No quisiéramos que, en el tema de Cataluña, sucediera como con los cangrejos, que en lugar de avanzar hacia delante lo hiciéramos hacia atrás. Lo cierto es que ya nos espantamos de nada.
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