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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Contrasentidos humanos

Los contrasentidos son bien patentes; fáciles de corregir... pero los practicamos con toda desfachatez
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 10 de noviembre de 2017, 08:01 h (CET)
La contradicción viene definida por la ejecución de comportamientos ajenos, si no contrarios, a las CONDICIONES satisfactorias de la vida en común. Suponen un asombroso juego en contra de las propias cualidades, de orígenes inciertos; pero de implantación muy difundida. Encendidas las luces de los proyectos ilusionantes, duran menos de lo esperado y acaban emergiendo creaciones degradantes, en contra los pronósticos. Las explicaciones justificativas no están en los manuales, aunque los hechos son reiterativos. Será que habríamos entendido mal la pretendida coherencia del ser humano. Cuando a las divergencias lógicas entre gente distinta, añadimos nuevos impedimentos, queda deslucida la capacidad de los razonamientos.

Desplazamos el sentido de nuestras posibilidades con una frivolidad pasmosa. Utilizamos de manera torticera la diferencia entre imaginación y fantasía. Si la primera constituye un recurso primordial para el descubrimiento de nuevas soluciones para superar los problemas vitales; permanecer instalados en la fantasía nos aleja de la cruda realidad. Semejante desfase, introduce los ABSURDOS comportamiento que lamentamos a diario. El alto porcentaje de drogados en acción, los adheridos a mentalidades irreflexivas detrás de meras elucubraciones sin sentido, los impulsivos que solucionan sus cuitas pensando sólo en su situación individual. Sobrepasada la imaginación constructiva, entramos en acciones descabaladas.

Los excesos fantasiosos discurren por desvíos nocivos. El aislamiento en las visiones propias, porque no son compartidas. Los viajes mentales estratosféricos con asientos inconsistentes, transportan al protagonista a circuitos desconocidos, aproximándose a la nada. Como consecuencia del vaciamiento de los atributos consistentes, no resisten el debate razonado con otras personas; recurren a los intentos dominadores por imposición de criterios a base de engaños, fuerza y violencias. Algo así como un exceso creador de entuertos progresivos. Es increíble la tolerancia con las mencionadas evasiones intelectuales, que en la práctica traducen un SERVILISMO impresentable porque anula la personalidad.

Cabe pensar, algunos lo creen de verdad, que cuatro ojos ven más que dos; o bien en cuanto al número de participantes, cuanto mayor mejor. En general, son afirmaciones poco proclives a la consideración de la calidad de las acciones desarrolladas; la paradoja de las AGLOMERACIONES a la puesta en cuestión de dichos comportamientos. No es baladí la tendencia a la limitación de las condiciones humanas, en la medida que se incrementen los participantes. Ante el mayor tamaño de las ciudades, solemos comentar sobre su deshumanización e incluso la soledad del individuo, El pensamiento proyectivo de cara a las personas tiende a quedar neutralizado en plena vorágine en torno de las estructuras.

Las propias cualidades personales juegan malas pasadas al menor descuido, descubrimos pronto su carácter ambiguo. Sirva de ejemplo la inteligencia; su orientación es decisiva de cara a las actuaciones benefactoras, como en el curso de las maquinaciones perversas. Un defecto puede impedir que uno cometa una maldad. Somo capaces los humanos de darle un doble sentido al concepto de SEMILLA, multiplicado por cuantas intenciones le añadamos; Disgregamos sus esencias hasta reducirlas a valores nimios. Pilotamos con rumbos personales y colectivos, es cierto, cada día con más medios; aunque con el desagradable tufillo del alejamiento respecto del trato entre los humanos.

Trás el contacto de primera mano con las dificultades para situarnos en la sociedad, para conocer el alcance de las cosas; destacan los numerosos ilusionistas con la pretensión de SABER INTERPRETAR cuanto acontece, los símbolos, los hechos, las conveniencias colectivas, y todavía más, los pormenores adecuados para el desarrollo de cada sujeto en particular. Es asombroso por ejemplo, como cuatro menesterosos, como los demás ciudadanos, con defectos y alguna virtud; trajinan con las normas educativas de la comunidad (Vease Cataluña o Valencia), arrastrando a padres y alumnos sin contemplaciones. Las libertades quedan ofendidas bajo el descaro de estos interpretadores enseñoreados del poder.

Admitidas como costumbre estas tendencias capciosas, primero con la torcida intención de sus promotores, luego las patrañas para engañar a los demás, para finalizar imponiendo sus actitudes en cuanto tienen oportunidad; asumidos digo, estos despropósitos, proliferan las agrupaciones maliciosas. Son auténticas SUCURSALES de la enajenación. Actúan a beneficio de sus gestores en cualquier campo accesible. Lo son de la droga con sus múltiple ramificaciones bien notorias. Que les voy a añadir de las tramoyas políticas, no contentos con interpretarse ellos mismos, deciden por pueblos enteros. O vean la industria alimenticia; sin glúten, sin lactosa, etc. aunque usted no está afectado por dichos problemas.

He visto desde diputados a jubilados, a empingorotados profesionales, cándidas jóvenes y adultos al por mayor practicando una aficción pseudonaturalista de manera peculiar y lamentable; consiste en la tarea de sacar el perro a la calle, si es suelto mejor. El contrasentido sobreviene al comprobar que actúan de MERDEROS, los dueños, no los perros. Porque son una excepción quienes lo hacen cuidadosamente, lo habitual es que repartan la mierda por acera, jardines y plazas, eso sí, nunca delante de su propia casa. Miran mucho al horizonte lejano, a las nubes, pero ningún asomo de que contemplen su repercusión sobre niños, transeúntes o la limpieza ambiental. Está de moda esa desfachatez.

De tanto reiterar la valoración de las actuaciones culturales, se fueron dejando de lado las reflexiones, los objetivos y la misma calidad de las manifestaciones culturales. El acto en sí mismo, es la realidad cultural por antonomasia. Pero la CULTURA tiene sentido en tanto provee a la gente de apoyos asequibles. El estruendo y el jolgorio no representan los mejores niveles culturales.El mismo concepto cultural será mediocre si no pasamos de esos lindes. Las ideas, las razones, el respeto a los discordantes, el bien común tan sencillo, aparecen poquísimo en las programaciones La ilusión por la promoción cultural mengua, las versiones apegadas a la banalidad proliferan, en el extenso abanico de la denominada realidad cultural.

Si los mejores rasgos humanos desaparecen de las actividades emprendidas; los montajes organizados no sobrepasan los valores del ruido callejero, los rebaños de turistas masificados son numerosos, la desaparición de las facetas cultivadoras de lo mejor quedan en la conducta habitual. Con esos planteamientos mediocres, lo que pudo haber sido y no fue, queda sepultado por los innumerables LAMENTOS cuando ya no tienen remedio los desperdicios protagonizados con grandes parafernalias.

Ni esa idea peregrina proclamadora del nivel cultural en cualquier actividad humana, remedia el desfalco. Las ARISTAS son imprescindibles en la búsqueda de los logros más convenientes en busca del bienestar y del progreso auténtico.
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