Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Sálvese quien pueda   -   Sección:   Opinión

Preguntas

Joan Torres

viernes, 9 de septiembre de 2005, 23:54 h (CET)
Muchas veces recibo el calificativo de “pesado” o “tío raro”, que no “rarote”, sólo por formular cuestiones que nadie es capaz de responder. Muchos de estos vociferantes y mal llamados amigos pretenden ocultar su ignorancia flagrante con desprecios e insultos. Pero eso no me afecta, sino que me sirve de acicate. Y es que las iniciativas intelectuales y visionarias sólo son valoradas años después de su formulación y sigo empeñado en conseguir el rango de genio a pesar de que mi generación me tome por un 'freakkie' de cabo a rabo y se rían de mí a mis espaldas. Y en la cara. Mediante la búsqueda, a menudo infructuosa, de respuestas existenciales, metafísicas, antropológicas, etc. lograré llegar a un estadio de excelsa erudición que sólo me servirá para rebosar de vanidad, soledad y una prominente joroba, fruto de la famosa postura de “El pensador”. Probablemente me acompañen también las hemorroides, las varices y la atrofia muscular. Pero, ¿qué más da? Si al final la recompensa es el saber absoluto.

Empecemos. ¿Quién se inventó lo de aplaudir? Las dos palmas chocando para producir un sonido estridente que, supuestamente, hace las veces de loa. Para nosotros forma parte de la costumbre, de la cultura heredada, pero... ¿cómo reaccionarían los que presenciaran por primera vez a alguien efectuando esa acción? ¿Qué le llevó a “aplaudir” y no tirar piedras hacia el cielo u orinar en contra del viento? Pregunten, pregunten. Nadie les dará respuesta alguna. Otro tema es el efecto dominó que produce en los semejantes. Aunque eso responde a la sencillez de la mente humana. Uno aplaude, todos aplauden. Eso es la civilización.

Más cosas. ¿Los animales lloran? Vayamos más allá. ¿Tienen glándulas lagrimales? Probablemente cualquier biólogo de pro, sin contar con Anita, podría responderme esta pregunta, pero como no conozco a ninguno, nadie es capaz de responder. Otra duda que aparece es la capacidad innata que tienen los animales para nadar. Una habilidad que los humanos tenemos justo al nacer, pero que perdemos a los pocos días. Vamos, que no es como ir en bici. Estamos condenados a ir a clase de natación a cultivar hongos ataviados con un estúpido gorro elástico.

Pero la pregunta de preguntas, la cuestión máxima, la incógnita que está
por resolver es... ¿A quién se le ocurrió que el ser humano tenía que dedicar ocho horas diarias, como mínimo, al trabajo? Semejante majadería ha de pertenecer a un orate o a algún cabronazo. Piénsenlo bien. Trabajamos ocho horas al día, que sólo tiene veinticuatro (de las cuales dormimos una media de siete u ocho); cinco días a la semana, que sólo tiene siete, y once meses al año, que sólo tiene doce. ¿Pero qué coño está pasando aquí? Y después resulta que hay paro. Es imperativo dividir la jornada laboral, en caso de haberla, a cuatro horas como máximo, sin contar con el descanso de cuarenta y cinco minutos para asueto y relajo. Cada persona trabajará un día o dos a la semana. El resto lo puede dedicar a la creación artística, la contemplación de pared, las drogas o simplemente, la más absoluta nada (un gran placer, admito). Y, respecto a la división de los meses, ¿nadie se plantea la explotación a la que estamos sometidos? Oh… my… God… Sí, Janice, amiga mía, once de cada doce, al tajo. Desde esta columna llamo a la rebellion a todos los trabajadores. Basta de horarios a todas luces excesivos, basta de tortura, sí al usufructo de nuestro reposo. Gracias.

Noticias relacionadas

La plaga del divorcio

El divorcio se le considera un ejercicio de libertad cuando en realidad es un camino hacia la destrucción moral

Tortura y poder

Está claro que la tortura no puede ser objeto de justificación, ni siquiera la aparentemente civilizada

Absurdo pensar que Casado pueda reflotar al PP para mayo

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Mahatma Gandhi

¿Está más cerca la República en España?

¿Por qué triunfó la Moción de censura contra Rajoy?

Ábalos, Organización y Fomento

¿Ferrocarril en Extremadura? No me siento responsable
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris