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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Tecnocultura

Raúl Urdaci Iriarte
Redacción
miércoles, 7 de septiembre de 2005, 00:04 h (CET)
Los seres humanos vivimos en un medio natural, social y artificial. El artificial es el último: se podría decir que con la técnica comienza la civilización, y por lo tanto la historia. Lo hemos creado nosotros: nos protege del medio natural y de sus peligros y nos permite adaptarnos a sus ritmos: también podemos utilizarlo para mantener un diálogo y un equilibrio sostenible entre naturaleza y civilización.

La Tecnología describe, interpreta y desarrolla la visión del medio artificial. Dentro de varias décadas contemplaremos esta época como la del inicio de la revolución de las comunicaciones, y es palpable que su vertiginoso empuje ha contribuido a la difusión global del conocimiento y el desarrollo. Y si bien la neutralidad de estos y otros avances técnicos no han impedido que la posesión de los mismos generen grandes desigualdades e injusticias sociales e interculturales, también es cierto que su utilización altruista y su difusión generalizada, combinada con una racionalización y una utilización sujeta a éticas adecuadas contribuyen al desarrollo equilibrado de las sociedades.

Y aunque decirlo sea una obviedad, hay que hacerlo: es la aplicación tecnológica la que nos permite utilizar racionalmente los recursos naturales, sobre todo en situaciones de crisis, como la sequía que nos asfixia este año; es la innovación tecnológica la que permite prevenir y afrontar con mayor seguridad las posibles catástrofes: como los satélites meteorológicos que vigilan y anticipan el desplazamiento de los huracanes. Si definiésemos la cultura como un mecanismo dinámico que el ser humano utiliza para adaptarse a un entorno también cambiante, entonces la diferencia semántica entre técnica y cultura se reduciría notablemente. Claro que hay otras definiciones posibles, que cada cual puede considerar mejores o peores.

Todo lo anterior -y otros muchos argumentos- llevan a pensar que una cultura técnica es necesaria: no sólo para los expertos, sino para todo el mundo. Y por ello cabe esperar que en el Congreso de los Diputados, el debate de la LOE (Ley Orgánica de la Educación) permita corregir el error de reducir la presencia de la educación tecnológica en la ESO y en el Bachiller.

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Raúl Urdaci Iriarte es profesor de Tecnología en Navarra.

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