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De vuelta por La Vuelta

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 4 de septiembre de 2005, 06:16 h (CET)
Es imposible que en una vuelta o paseo cualquiera te ocurra lo que te puede ocurrir si te das una vuelta por La Vuelta, por la Vuelta Ciclista a España que ya marcha, como Don Quijote de La Mancha hacia Cataluña; este año no podría ser menos, ha girado y rodado, algo loca de atar, por La Mancha para que no esté solo en su locura el loco caballero, quien por las bicicletas se convierte en 2005 en trofeo de montaña y cambia a Rocinante por un par de ruedas.

Si te das una vuelta por La Vuelta te puedes encontrar cómo miles de seguidores se concentran en línea de meta, a cuarenta grados a la sombra, por ver la parafernalia que un acontecimiento como éste mueve a la hora sagrada de la siesta, ésa a la que aconsejan no salir a la calle ni a beber agua. No es de extrañar que a ese público entregado y achicharrado se lo den todo: Gorras, sombreros, paraguas, pósters, aplaudidores que se agiten y hagan ruido en la tele, y después, con todo lo cargado, se acuerden por qué es tan singular que en una ciudad se disponga una meta, es casi tan emocionante y exitoso como la disposición de una salida, y al haber presenciado las dos noto las diferencias: En la llegada hay más tiempo de ocio, el seguidor lleva lleno el estómago y casi aguanta el sol, está informado de la posición de los corredores por los medios de comunicación consultados durante la mañana. En la salida, a no ser que sea fin de semana, te escapas (como ellos harán en carretera) de casa o del trabajo, pero con menos grados centígrados, quizá por eso regalan menos gorras, sombreros y paraguas.

En meta puedes ver a Romay, ese gran y grande deportista, ahora aficionado al ciclismo a quien todas las bicis le vienen pequeñas y de quien no sabemos, si con tanto cesto y balón, en su vida se habrá subido a alguna.

En llegada y salida se lucen señoritas despampanantes coqueteando con los chicos de seguridad, quienes no lo están menos, pero será en meta donde ellas se den al beso y abrazo del ciclista ganador, sin olvidar por supuesto de mostrar el bolsón del merchandising, aunque tapen con ello la mitad del uniforme y del cuerpazo.

En meta llegas de vacío y te cargan con bolsas y regalos: Salchichas, ketchup, galletas con crema, puré de patatas, postales, camisetas, botellas, llaveros, juegos, chocolate, muñecos, meriendas, revistas, periódicos, papeletas de sorteo …, además de experiencias para niños que difícilmente se podrán meter en el bolsillo: Cuentacuentos, lecturas, guiñol, viajes virtuales en bici, concursos, saltos en castillos hinchables o atados con arneses, carreras de scalextric, o una tarde de pesca porque, entre vuelta y vuelta por las atracciones, hay que recordar las bienaventuranzas del pescado. Todo es fiesta en la carpa ciclista.

En salida, la fiesta es más tranquila, entre aplausos firman los ciclistas, pero entre firma y firma te pueden dar autógrafos a través de las vallas, un autógrafo en visera del líder o ganador de etapa puede ser tan valioso en el mercado escrito como todo lo anteriormente expuesto.

En meta los ciclistas sudan, en salida están frescos, aún los ves comiéndose el último plátano, será por el potasio; además, te emocionas al ver el pelotón como inicia la marcha y se pierde en el asfalto la serpiente multicolor mecanizada. En meta ni los ves, los adivinas con sus bicis de fuego y de relámpago. En salida ves a Perico Delgado de frente, en meta de espaldas. En salida te venden con acento italiano y megáfono una gorra carísima, en meta te dan tres en mano, porque mientras llegan los valientes algo hay que hacer para pasar el rato.

Si te das una vuelta por La Vuelta comprenderás que para muchos importa más la marca que los propios corredores o todas las bicicletas juntas. Que gane el mejor, es decir, el que mejor y primero llegue tras 21 etapas y 3689 kilómetros, y que los demás nos demos una vuelta con ellos cada año y lo veamos.

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