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Los guardianes de la noche
Gonzalo G. Velasco
Los Guardianes de la Noche es la primera parte de una trilogía fantástica basada en la obra del escritor de best-sellers ruso Sergei Lukyanneko, quien firma el guión junto con Timur Bekmambetov, el brioso realizador de esta interesante curiosidad sobre vampiros postsoviéticos. La película ha cosechado un éxito tan enorme en su país de origen, Rusia, (donde se ha convertido en la película más taquillera de la historia con un coste de ocho millones de euros y unos recaudación de dieciocho) que a estas alturas ya se ha rodado la segunda parte, la tercera se encuentra en proceso de preproducción y los americanos ya han adquirido los derechos de todo el cotarro´.
Pero por encima de cifras y proyección internacional, el dato con el que nos debemos quedar a la hora de analizar esta película, es que supone todo un espaldarazo para el cine fantástico en general, al tiempo que un rayo de esperanza para la, últimamente marchita, cinematografía rusa. Ahora que el fantástico oriental ha entrado en su ocaso, y el americano experimenta un periodo de trivialización y estandarización desmesurado (del europeo, siempre a remolque del americano o perdido en divagaciones pretenciosas, mejor ni hablar), nada mejor que una buena ración de caviar ruso para empezar a recobrar la fe en ese cine espectacular e imaginativo que tanto nos ha hecho vibrar a lo largo de los años.
Claro que un discursito como este, sin duda contaminado por el optimismo, no debe empañar la realidad de Los Guardianes de la Noche, y la realidad es que independientemente de que la mezcolanza entre el estilo visual publicitario y neo-gótico a lo Matrix y la frialdad estética, a menudo rozando el feísmo, de una cinematografía rusa que ha estado siempre apegada a la realidad, nos resulte muy estimulante; o de que esa inserción hipnótica de los ritmos de narración más “eastern” en el terreno de los diáfanos resortes dramáticos del blockbuster hollywoodiense de toda la vida, nos suma en un estado híbrido de fascinación y extrañamiento, la película adolece de cierta torpeza, comprensible debido a la falta de experiencia, allí donde debería haberse esmerado más para conquistar Europa y el resto del mundo: su simplona e ingenua historia.
Si ésta se hubiera cuidado tanto como su fotografía, nos encontraríamos con toda seguridad ante una obra maestra del fantástico. Los hados no han sido favorables esta vez, pero tal y como está la cosa en el panorama cinematográfico mundial, tampoco es para ponerse tiquismiquis. Guardianes de la Noche merece la pena. Las críticas más inclementes las dejaremos de momento para su secuela…
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