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El Obispo y su chulo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 2 de septiembre de 2005, 00:30 h (CET)
Cuando todavía no se han acallado los murmullos de aquella magna manifestación auspiciada por la Iglesia y la derecha más rancia de este país que recorrió las calles de Madrid encabezada por el Episcopado, tocado con gorra beisbolera en lugar de mitra episcopal, con la excusa de defender a la familia aunque lo que en realidad querían y quieren es negar sus derechos a los homosexuales y cuando está a punto de comenzar ese “otoño caliente” con el que este verano nos amenazó monseñor Rouco Varela- martillo de herejes, rojos y otros desviados del recto camino - hete aquí que a la Iglesia le explota en plena cara, una vez más, la mina del escándalo. Esta vez el promotor ha sido monseñor Maccarone- pocas bromas con el nombre- obispo de la provincia argentina de Santiago del Estero. Desde hace tiempo sabemos de los escándalos sexuales de los monseñores yanquis que han conseguido con sus apetencias sexuales arruinar ya a más de una diócesis, pero ahora la lujuria y el pecado, como les gusta decir a los hombres del báculo episcopal, ya está acercándose a nosotros. Los escándalos por la homosexualidad de algunos clérigos ya hablan español. Alguien tendrá que poner sus barbas a remojar.

En una noche en la que la familia se encuentra reunida ante el altar televisivo y en hora de máxima audiencia aparecen en la pequeña pantalla las imágenes de uno de los máximos representantes de la Iglesia en actitud poco ortodoxa. Los ojos de los espectadores no dan crédito a lo que ven y en muchos casos creen que se trata de un nuevo reality show intentado ganar audiencia. El señor obispo, de 64 años, se encuentra retozando en su despacho con un joven, Alfredo Serrano, de 23 años. Toqueteos, rozamientos, quizás algún que otro beso y en el momento en que el clímax ya es tórrido las imágenes desaparecen de la pantalla. Pero claro no se trataba de cualquier “Casa de tu vida”, “Gran hermano”, o “Granja de los famosos” como por aquí acontece y en donde los edredones se mueven continuamente al compás del “metesaca”. Los decorados eran reales y el plató era el mismísimo Palacio Episcopal.

No voy a criticar la opción sexual del monseñor. Cada cual puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Además al parecer estaba bien considerado entre su feligrés rebaño ya que al parecer eran conocidas sus obras de caridad y su dedicación a los más necesitados. Allá él y sus gustos. Pero la verdad es que de un monseñor se espera un poco de inteligencia, aunque dicen que el amor es ciego, y no que se líe con el primer chulo que se le cruce en el camino. Lo que es criticable es la doble moral de la Iglesia Católica que tiene una especial vara de medir y así mientras su colega argentino se dedicaba a los escarceos amorosos con un jovencito sus pares españoles continúan cargando las tintas contra el gobierno que la mayoría de los españoles elegimos en su día. No están dispuestos a perder las prebendas con las que aquel dictador omnipresente hasta en los sellos de correos les premió por su apoyo a la rebelión contra la Republica, y desde la COPE, algún que otro periódico y los púlpitos, donde, por cierto, se ha silenciado el hecho, siguen y seguirán atacando cualquier disposición gubernamental. Se ve que no han leído aquella parte de las Escrituras que habla de la paja-con perdón- en el ojo ajeno y la viga en el propio.

Ahora monseñor Maccarone- que no ha actuado en esta ocasión de acuerdo con su apellido- está desaparecido en cualquier lejano monasterio penando por sus pecados sin conocer el viejo aforismo de mi paisano Joan Fuster que decía que “dels pecats del piu nostre senyor se’n riu”, es decir que Dios se regocija con los pecados de la carne. Eso sí, sus compañeros de episcopado a quienes ha pedido perdón- no a sus feligreses- le han reconfortado con una carta de “acompañamiento a nuestro hermano con afecto, comprensión y oración”. En resumidas cuentas se lo han quitado de en medio para evitar que este escabroso tema les salpique todavía más. La Iglesia lleva más de dos siglos con este tipo de actuaciones. Cuando alguien molesta se le separa, se le aleja o se le excomulga, por eso los armarios deben andar llenos de homosexuales asotanados. Antes era peor, los quemaban en la hoguera. Y, mientras, siguen viviendo en esa doble moral que les permite que su mano derecha no sepa lo que hace la izquierda.

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