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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Querida maestra

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
viernes, 2 de septiembre de 2005, 00:30 h (CET)
Querida maestra: Todavía no se han extinguido los cantos de cigarra y ya chirría la cancela del colegio para reclamar imperiosa el comienzo del curso escolar. Con independencia de lo que puedan maldecir sus variopintos padres, la sensible y vitalista fila de hormiguitas de tu clase, dispersa durante el verano, espera, repeinada, feliz e impaciente, regresar al mediocre santuario donde, con poco más que unos paquetes de tiza y en contra de mil circunstancias, intentas mantener permanentemente encendido tu personal versión del maltrecho pabilo de la Humanidad.

Allí te sientes obligada a abotonar baberos o a pontificar sobre el agujero de la capa de ozono, la extinción de los dinosaurios, la barbarie de las guerras o las virtudes del mestizaje y, por si fuera poco, curas mataduras en las rodillas, emites fingidas palabras de aliento, acallas crueles y sádicas bromas, abortas encarnizadas explosiones de violencia en el patio, regalas canicas, sacas punta a los lápices, regañas, haces dibujos fascinantes en la pizarra, gestionas becas de comedor o de libros, repites incansable las mismas bromas, cimentas hábitos y exigencias de orden, limpieza y relación social. Intentas, en resumen, personificar en el aula un ilusorio y ambicioso modelo de vida, que te exige siempre más, a cambio de nada.

Debes saber, por ello, y debes saber también que los demás lo saben, que con la llegada a nuestro país de inmigrantes procedentes de lugares donde la tradición se impone implacablemente en menoscabo de los Derechos Humanos, hay cada vez, entre nosotros, más criaturas expuestas a innecesarias mutilaciones genitales, tan graves como irreparables: Todos los varones del norte de Africa, y prácticamente todas las niñas centroafricanas, sin ir mas lejos. Ordenadas por las familias y ejecutadas por médicos sin escrúpulos ni entrañas, la responsabilidad de tan repulsivo atentado contra los irrenunciables derechos sexuales te alcanza indirecta pero especialmente a ti y a cualquiera que teniendo fundamentados temores o sospechas al respecto no lo comuniquen inmediatamente a la Fiscalía. ¿No tienes ninguna negrita en tu clase? ¿ningún morito Mohamed? ¿Por ser forasteros tienen menos derechos?

A grandes males, grandes remedios. Si quieres mantener el singular estatuto moral que te distingue y que consigue magnetizar a la infantil tribu, defiende con valentía la integridad física de todas y cada una de tus hormiguitas. Infórmate y actúa fulminantemente en consecuencia. Si no... carga para siempre con tu sombría, cobarde y enloquecedora culpa. Ánimo y no se te vaya a ocurrir desfallecer ante irracionales miedos, insidias, ni dificultades. Buen trabajo.

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