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Etiquetas:   Cartas al director   -   Sección:   Opinión

Los verdaderos 155

A. Alonso, Madrid
Lectores
@DiarioSigloXXI
miércoles, 8 de noviembre de 2017, 00:00 h (CET)
El problema de la dejación, por parte de los garantes del respeto a la Constitución y al Estado, es que el tiempo, como en la naturaleza humana, enturbia la memoria y el cúmulo de falsedades y mentiras mentiras se convierten en axiomas.

No existe “155” que sea capaz de borrar los grafitis “mentales” de toda una ciudadanía.

Sólo la conjunción de una justicia firme y una reeducación seria y permanente podrían poner las cosas en su sitio.

Las diversas realidades históricas, lingüísticas y culturales en manos de expertos profesionales independientes darían sus frutos en tanto en cuanto sean asignaturas troncales y, por tanto, de obligado cumplimiento. En este campo se repetiría aunque sea con una sola falsedad.

Los incumplimientos a las promesas o juramentos realizados por las autoridades políticas, los ataques reiterados al sistema democráticamente elegido y la utilización indebida del patrimonio de todos deberían pasar al campo judicial. Como se dice en lenguaje popular “que cada palo aguante su vela”, es decir, que cada uno ha de sufrir lo que se merece o lo que le corresponde.

Otrosí digo: Existen actuaciones que por su gravedad deberían motivar un cambio drástico de nuestro código penal: la limpieza étnica, el lavado de los cerebros de los niños y la incitación al odio por motivos ideológicos deberían ser objeto de condenas no sólo firmes sino de bisturí. Me refiero a que cuando las personas no saben convivir y viven para destruir cualquier ideología, deberían ser enviados a “ciertas islas solitarias” donde puedan desarrollar su vida como deseen, sin perjudicar a nadie.

Allí, “en sus islas”, ellos serán felices y “muy libres” y “los de tierra firme” vivirán en paz.
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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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