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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Carod, el facha

Jorge Hernández

miércoles, 31 de agosto de 2005, 23:25 h (CET)
Carod Rovira concede nula importancia a la libre expresión de las ideas del prójimo, como el resto de nacionalistas. Agarrados por los pelos la Constitución Española y arrastrados durante veinticinco años por los suelos patrios, manipulados y divididos, tras todo este tiempo, en finquitas demarcadas, hemos llegado a una situación curiosa. Intocable es el pensamiento monolítico de sus cuentos y de sus fábulas acerca de una España que inventaron y caricaturizaron hasta el ridículo. Elevados a los altares han de ser sus próceres, voraces del sentido común; sus dioses festejados cada amanecer; y cantados sus himnos al alba.

Veinticinco años, y pareciera que ya no hay marcha atrás. Nadie podrá jamás resituar a los nacionalistas dentro de la nación a la que pertenecen, porque España, sencillamente, dejó de existir en sus planteamientos. Apanfletada la historia española y untada a fuerza de millones, de los antiguos, en las escuelas dominadas por ellos, (y abandonadas negligentemente por el Estado del que dependen), el camino de retorno se desdibuja en un futuro incierto.

Sufrimos sin defensas la gran parida nacionalista, y muchos son quienes retroceden frente a un dominio absoluto y totalitario del lenguaje, las formas, los símbolos, las fronteras, las palabras, las ideas y las personas.

Resistimos sin coraje el insulto, aguantamos cobardes la embestida dialéctica, la pantomima, la irrisoria revisión de nuestro pasado. Y como sólo la Verdad asusta a Carod Rovira ( el facha), cuando ésta es pronunciada desde la atalaya nacional, el huracán arrasa prestigios, anula trayectorias y el fuego nacionalista aviva las hogueras de su inquisición mediática.

Lo que ocurre es que nuestra respuesta es siempre insuficiente, nuestro silencio no es solución al ineducado tropel de desagravios. Aconsejan los acomodados no encender la cólera nacionalista, los prudentes y sabios, envejecidos por la sonrisa acomplejada, asimilados por sus síes cabizbajos, integrados y vendidos a la patria nueva, nos recomiendan mudez permanente para no acallar el griterío mentiroso. Y así seguimos, siempre resistiendo.

Preparándonos para lo inevitable, para cuando España, pobre de ti, seas partida en tres, y te surjan de la nada histórica dos pedazos de tierra inventada, y haya que pisar desde fuera, como extraños, arenas tan españolas como la vasca o la catalana. Hay que responder con contundencia a Carod el facha, si no, estamos perdidos.

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