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Los 'ombligos' y Google Earth

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
miércoles, 31 de agosto de 2005, 23:25 h (CET)
Cualquier vistazo sobre nuestro país con intención de ponerlo “en su sitio”, se justifica siempre y cuando no pierda de vista el conjunto del globo terráqueo donde está alojado. Ocuparse tan sólo de él, como es frecuente leer, ver y oír, equivale a ponerse frente a un espejo y deleitarse en la contemplación del propio ombligo. Esa cicatriz consecuencia del cordón umbilical del ser humano que denota nuestro origen común, que los castizos opinaban “ser útil para recoger la pelusilla de la camiseta”, y que resulta de común contemplación en este momento de la moda y costumbres. Las muchachas recién salidas de la infancia lo exhiben con descuido, aunque, con los años, cambian de estilo a causa de que la naturaleza les priva de su circunferencial belleza y del orgullo de lucirlo. Pero, como se dice, este es otro tema...

Si algo está aportando la arrolladora tecnología de nuestros días, son herramientas para la “des-umbilicación”. Nada tan fácil como, a través del programa Google Earth, hacer una aproximación sobre el continente europeo, bajar hacia el sur... y, ya estamos ante nuestro propio ombligo, aunque, aún se puede avanzar -¿retroceder?- un poco más, y centrarse sobre el país vasco, por ejemplo. Claro que, según las preferencias, aún existen lugares más recónditos, que, a su vez, también son ombligos de otras gentes, como Cartagena, o el mismo lugar desde el que se escribe esta columna; tal vez no hay un valle más precioso que el de Canencia, ni un puerto como Morcuera, ni una Sierra como la del Macizo Ibérico Central. ¿Por qué no?... sólo falta un alcalde como el que inventó Vizcaíno Casas en las “Autonosuyas”. Según Claudio Sánchez Albornoz -autoridad donde las haya-, a través de este macizo penetró en tierras catalanas la cultura campaniforme. Es que hay ombligos que dan mucho de sí.

Tampoco es para pensar que la actualidad reside, exclusivamente, en Israel o Iraq. Al fin al cabo, siguen siendo respectivos ombligos de cada cual. Si “todos son redondos”, como escribió el genial Alvaro de Laiglesia, poco hay que aprender unos de otros. Ocurre, que, resultar considerado por cada uno como si fuera el centro del mundo es una necedad; más, ya se sabe, “el número de necios es infinito”, según señala la Biblia, y cita Don Quijote. También, Google Earth facilita olvidarse de él; sólo hay que hacer al revés, un alejamiento, y, ¿será posible?... diría un lerdo, se puede curiosear el resto del mundo. Desde Washington a la Patagonia, pasando por Nueva Orleáns con todos sus resortes informáticos cerrados por el huracán. Desde las playas de Normandía, a la península de Korea, o Nagasaki.

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