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Toros

Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

Cuando pagar no vale

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
sábado, 10 de diciembre de 2005, 17:33 h (CET)
La razón y la inteligencia siempre vencen al azar, por mucho que algunos diestros con más pedigrí y presión mediática quieran. Al final quién triunfa es quien convence de verdad por meritos propios adquiridos durante la contienda y no antes de comenzar el duelo. El respetable es sabio y sabe distinguir el trigo de la paja y así lo premia. Me remito sin más dilaciones a un claro ejemplo de superación en nuestro días llamado El Cid. Un torero huérfano de apellidos ilustres, nacido en una pequeña localidad sin apenas historia taurina y mucho menos propaganda barata. Su categoría profesional y artística como matador de toros es su única bandera.

Mientras los Rivera Ordóñez recibieron todos los parabienes y excusas de su incompetencia muleteril ante un toro de dulce corrido en primer lugar, nuestro maestro aguardó estoico desde el callejón su gran momento. Nada parece frenarles, todo parece estar perdonado y vuelven a cubrir al diestro más veterano con todo tipo de halagos sin fundamento lógico, a través de las hondas hertzianas tras una actuación cubierta de mantazos para afuera y pinchazos infames impropios de su estirpe en el último de su lote. Todo menos ganar la pelea a un toro difícil, complicado y peligroso, eso no tiene mérito.

Apaga y vámonos como diría el ácido Navalón. El Rey de la fiesta es el toro y los toreros a torear como lo hizo esta tarde El Cid en Linares, que a ver si se enteran más de uno que se le llena la boca de expresiones tan absurdas como incoherentes del tipo: que si tiene suerte en los sorteos, que si esta en buen momento, que si ahora lo ve claro, que si hoy acertó no como en Antequera. A quien pretenden engañar, nada es por mera casualidad y mucho menos en el toreo, digan lo que digan. Aquí el que triunfa, corta las dos orejas con más fuerza es al que nadie le regaló nada y mucho menos la divina providencia huérfana de hijos. Un triunfo en Linares como en Madrid se gana peleando desde el primer momento hasta el final, pudiéndole al toro y a las circunstancias más adversas, para eso esta el torero para amarrar el destino y salir airoso del trance. Ésa es su obligación si tiene el talento para ser figura de la tauromaquia. No hay excusas de toros ásperos, peligros sordos, castas aguadas y faenas nulas de lucimiento siempre se puede hacer algo y más en el último aliento de un hombre cubierto de oro, ellos son especiales o por lo menos deberían parecerlo.

Manolo veroniqueó al segundo andando hacia delante, sin perderle pasos, sin tomar pausas, bajando las manos y abriendo el compás del arte. Tres verónicas descomunales como tres venados medalla de oro. Con la muleta El Cid tampoco descansó y desplegó cuatro series diestras de uno en uno en donde los muletazos llevaron la largura de los toreros largos y otra docena de naturales forzando al astado a perder terreno hasta la estocada final en lo alto. Con el cuerpo atolondrado de tanto mando y poderío siguió la verbena con la brega en el quinto y los muletazos de dos en dos, multiplicado por dos más los de pecho interminables acabaron por levantarnos entre ovaciones. Total un faenón que nos supo a gloria señores, todo eso lo hizo un hombre que no gusta de llevar etiquetas recomendadas de nadie y por nadie. Por cierto lo de Tejela casi al final de la tarde, contagiado sin duda con la diestra y la espada del sevillano, sumó algún trazo de cierto empaque. Pero que nadie se lleve a engaño y por mucho que se empeñen los aduladores de apellidos, castas, sangres y estirpes legendarias, el toreo se lleva dentro y nadie conoce la receta y mucho menos la fuente creadora de la magia del toreo. Hace muchos años que se secó la fontana de Ronda e incluso la de Sevilla muy a nuestro pesar y hoy tan sólo pitan con fuerza otros manantiales de tierras más discretas y sencillas perdidas en el paisaje español como son las de Chiva, Velilla, Salteras y Gelves entre otras en donde orgullosas descansan el futuro de la fiesta.

FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de Linares. Feria de San Agustín. Lunes 29 de agosto de 2005. En tarde espléndida y con menos de media entrada se lidiaron tres toros de Juan Pérez Tabernero, primero noble y con clase, segundo serio y complicado y tercero a menos; dos toros de Valdefresno, cuarto difícil y con peligro y sexto con buen son y pitón derecho; y finalmente un sobrero de Sancho Dávila corrido en quinto lugar que resultó descastado.

- Francisco Rivera Ordóñez, de azul marino y oro. Silencio en ambos.
- Manuel Jesús El Cid, de salmón y oro. Dos orejas y oreja.
- Matías Tejela, de azul marino y oro. Silencio y dos orejas.

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