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Nazarbaev, longevo político y triunfador

Dmitri Kosirev
Redacción
domingo, 28 de agosto de 2005, 23:23 h (CET)
En un espacio televisivo, transmitido en directo, el líder kazajo, Nursultan Nazarbaev, confirmó su decisión de participar en las elecciones presidenciales que se celebrarán en la república a primeros de diciembre.

Nazarbaev podría haber ocupado el cargo de primer ministro de la renovada URSS, instituido en agosto de 1991 en el marco de la reforma de la Unión, iniciada por Mijaíl Gorbachov. En vez de ello, Nazarbaev se desveló como longevo político número uno en el espacio de la CEI (junto con Islam Karimov y Emomalí Rajmonov) y, lo principal, como un líder exitoso. El hecho de que un líder durante largos años gobierna el país no es algo contrario a la ley. Las Constituciones de muchos Estados y no solo la de Kazajstán contemplan tal posibilidad. El primer ministro británico ocuparía el cargo durante todo el periodo en que los electores apoyen al partido que representa. Ser un líder exitoso resulta mucho más difícil. El escalafón de Nazarbaev es homologable con los logros, obtenidos por otros mandatarios asiáticos que en su tiempo llegaron al poder en los países con dudosa perspectiva de desarrollo, pero pudieron dejar en herencia a sus sucesores "milagro económico". Basta con mencionar el caso de Singapur o de Malasia, países con los que ahora muchos están comparando a Kazajstán.

La vida demuestra que en la fase de desarrollo en que se encontraba Kazajstán en los últimos 15 años, un régimen fuerte era indispensable para el mantenimiento de la estabilidad económica. Lo confirman las experiencias de los países como China, Japón, Taiwán y Malasia.

El éxito de Nazarbaev en las próximas elecciones presidenciales y en otros ámbitos de la actividad es un reto serio a los políticos de la región centroasiática.

En primer lugar, Kazajstán es el faro centroasiático de prosperidad y progreso, país que por tasas de crecimiento de los indicadores macroeconómicos cede solo a Rusia entre los países de la CEI. Un kazajo ingresa seis veces más de un habitante de Kirguizia. Para muchos Astana, nueva capital de la república en fase de construcción, simboliza que Asia Central no está condenada para siempre a la degradación y al atraso y a ocupar los últimos lugares en los rating internacionales. Desde luego, la principal fuente de prosperidad de Kazajstán ha sido y sigue siendo el petróleo. Pero hay países petroleros en los que la mayoría de la población prácticamente no se ha beneficiado de las riquezas naturales nacionales.

Segundo, precisamente Kazajstán puede devenir un polígono en que el sistema político ensayaría las formas de hacer frente a las revoluciones de terciopelo, destructivas y que menosprecian la voluntad de los electores.

Las autoridades oficiales de Kazajstán no son las únicas en declarar que en este país una revolución de terciopelo no se producirá. Por regla general se aduce la explicación de que Kazajstán no es Kirguizia. Pero el problema radica precisamente en que por regla general, las revoluciones de terciopelo no son generadas por la pobreza sino todo lo contrario, por el incipiente crecimiento económico y la desigualdad de ingresos, relacionada con éste, así como por el vehemente deseo de la clase media urbana de acelerar la realización de los cambios tan anhelados. En Kirguzia, debido a su pobreza, la revolución de terciopelo, nada más comenzar, degeneró en unos disturbios protagonizados por merodeadores. En Kazajstán están presentes todas las premisas de una revolución de terciopelo, tales como una nueva clase media que se está habituando a nuevo estilo de vida; nuevos grupos de empresarios que no estarían en contra de repartir las esferas de influencia; la circunstancia de que la mayor parte de unos 60 millones de petróleo extraído en Kazajstán se destine a la exportación y un 80% del sector petrolero pertenezca a los extranjeros que bien podrían financiar los resultados de las elecciones convenientes a ellos. El único factor que puede neutralizar estas premisas es la creciente parte del capital ruso y chino en dicho sector. Nazarbaev, quien ha decidido presentar su candidatura para el nuevo mandato presidencial, deberá demostrar que se puede impedir la exportación de las revoluciones de terciopelo, que se puede atajar la bestialidad de la multitud enfurecida dispuesta a aceptar un solo resultado de los comicios. También podría sentar un precedente de control sobre la financiación extranjera de las organizaciones que intenten influir en el desarrollo del proceso electoral, así como demostrar que el padre de la independencia podrá transferir felizmente el poder a la siguiente generación de los dirigentes que llevarán la nación por el camino del progreso y la prosperidad.

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Dmitri Kosirev es analista de RIA "Novosti".

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