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Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

Una postal de toros

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
sábado, 10 de diciembre de 2005, 17:33 h (CET)
Victorino es siempre Victorino y hay que ir a ver sus corridas donde quiera que las lidie y máxime si es en Bilbao, donde el toro sale con la mayor seriedad de la temporada española. Pues bien y gracias al milagro de las ondas disfrutamos de la estampa torista, de sus capas cárdenas y sus pitones veletos pero lo que se dice de su clase , buen humillar y recorrido, casi nada de nada. Que se lo pregunten a El Cid que corrió con el mejor y el peor toro de la tarde.

José Pedro Prados “El Fundi” ante el primero de la tarde y tras una estoica exhibición de fortaleza y astucia en el tercio de banderillas no pudo ligar ni un natural. Eso si, al toro como casi todo el encierro, careció de esa raza, clase y brío que hacen gala sus propietarios en el campo. Los naturales en tres tandas intermitentes se suceden con temple y a media altura ya que el toro no quiere y ni puede descolgar más su cuello. Las malas intenciones del animal tampoco se lo admiten y el buen oficio mandón de El Fundi no logra el milagro, pero ahí quedo patente la intención y el poderío del maestro. Un circular invertido tras la serie diestra conducen al cornúpeta hacia la muerte. El diestro del Fuenlabrada, se lanza sobre su víctima en la suerte natural y naturalmente que tiene suerte, coloca una estocada que bien vale por sí sola una vuelta al ruedo sobre su plomiza arena. En el cuarto sale dispuesto a cortar la oreja y lancea con gallardía por verónicas. Sabe que al toro hay que poderle porque empuja hacia adentro y se revuelve como un látigo. Una faena bien construida a base de mucha exposición y mando con la diestra, si señor. El toro bautizado con el nombre “Buscador” no podría venirle mejor el apodo. Busca que te busca, el toro embiste hacia el diestro madrileño sin piedad. Nuestro torero que no se aflige y le responde con más muletazos con la zurda lleno de un valor a prueba de bombas. Eso si que es arañar todo lo posible y más. Un último apunte, a este se tiró a matar con tanta fe que rompió hasta el palillo de la muleta. Otro toro sin nada bueno dentro y con más fachada pura postal de toros que otra cosa.

Luís Miguel Encabo sabe andar hacia atrás con los toros, doy fe. Menuda lección torera nos regaló a todos con la brega en su primero. Eso se llama suavidad y cadencia propias de un gran profesional y especialista de este encaste. EL madrileño ejecuta un gran quite por chicuelitas y pasa de aseadito sin más con los rehiletes. Pero… salió “Melonito”. Un victorino más verde de embestida que una vega de alfalfa. No dijo ni mu, careció de chispa y emoción en los embroques. Otro toro al traste y eso que este bien parece un buen melón de carretera. Luís Miguel calcula los tiempos y las distancias pero aquel Victorino no permite ningún lucimiento. Destacamos algunos naturales en una faena que debió abreviar un poco más como también debió corregir aquella estocada un pelín trasera que coronó en el lomo del animal. En el quinto llegó el susto con el picador arrollado por su cabalgadura al tropezarse con la puya. Un quite por Navarras sin pena ni gloria pasan por lo alto de una tarde lluviosa en Bilbao. Con las banderillas ni fu ni fa no era un día para lucirse el cielo como el encierro estuvo encapotado. La faena no toma vuelo, al toro le falta clase y al torero mando. Ni uno ni otro se confían y rompen a embestir. Se suceden muchos muletazos aquí y allí y al final nada destacable salvo que el toro se mueve a su antojo de un lado al otro de la plaza. Tras los pinchazos múltiples llega lo mejor el descabello y el adiós muy buenas.

Era la hora de El Cid y no falló. Un mano a mano, Victorino versus Cid, no hay dinero que lo pague en la actualidad. Menos mal que saltó al ruedo el tercer animal de nombre “Ministro” para salvar el honor de la casa, hoy bajo mínimos. El pundonor de un subalterno llamado El Alcalareño hace clavar los palos en lo alto con una lesión inguinal. El público vasco muy sensible a los percances otorga una sonada ovación al banderillero. Manolo lo ve claro desde el principio y se echa la muleta a la zurda y nos regala otra lección maestra al natural, siempre al natural. Tres series ligadas de cinco naturales seguidos, vamos lo nunca visto desde Madrid o Sevilla. Si ya sé, que este año El Juli se lleva el premio de la feria, pero seguro que no toreó así con esta mano y esta largura. Imaginen, sueñen si son tres series de cinco muletazos lo que dio el sevillano en sus manos se convierten milagrosamente por arte de birlibirloque en nada más y nada menos que en treinta muletazos de los acostumbrados a ver por ahí. Cada uno valía por dos. ¡Qué éxtasis se vivió en la plaza! Vengan rápidos los afarolados y las trincherillas de Salteras que se atraganta el personal con tanto toreo del bueno. El toro por el derecho no tiene uno, se revuelve en los pases de pecho con el ánimo de robar carteras y algo más. Manolo corta la faena con gran acierto en su tiempo y ejecución, llega la hora de la suerte suprema y la estocada pese a caer un poco baja es muy efectiva y Don Matías no le queda más remedio que darle el trofeo a petición de un público enfervorizado por el mágico momento vivido. Buen toro este llamado Ministro que salvo con honradez, recorrido, fijeza, humillar y prontitud los blasones saltilleros. En el sexto no hubo ni por asomo los mismos comentarios halagadores toristas, recuerdo tan sólo las mejores verónicas de recibo en la tarde y poco más. Parecía venir con la lección aprendida desde el campo. Todavía conserva vivo y actual en la memoria del maestro sevillano aquel gazapeo mironcete no exento de un claro peligro. No hubo faena ni intención de hacerla con tal adversario así que una estocada atravesada dieron la muerte más justa a tan desgraciado animal. Lo dicho hoy los victorinos de Vista Alegre se quedan solo en eso, en las vistas, estampas y postales cárdenas asaltilladas de sus hechuras más propicio para una exposición del museo natural de Nueva York que para el lucimiento y la gloria del arte de los toros en el ruedo.

FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de Vista Alegre. Última corrida de la Feria de Bilbao. Sábado 27 de agosto de 2005. En tarde de lluvia y lleno en los tendidos, se lidiaron seis toros de Victorino Martín bien presentados, serios y de escaso juego a excepción del tercer astado por el pitón izquierdo.

- José Pedro Prados “El Fundi”, de verde botella y oro. Vuelta tras petición y ovación.
- Luis Miguel Encabo, de verde manzana y oro. Palmas y silencio.
- Manuel Jesús “El Cid”. Oreja y silencio.

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